septiembre 05, 2006

El uso de la chía y chan en el México antiguo


Una investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dedujo diversas utilidades medicinales, alimenticias y ceremoniales de las semillas chía y chan desde tiempos antiguos, incluida la elaboración de bebida refrescante.
El estudio de la bióloga Aurora Montúfar López establece que el término nahua chianzotzolatole implica la acción de moler o tratar las semillas de chan para elaborar la bebida refrescante conocida en la actualidad como bate, señaló el INAH en un comunicado.
"Es factible que la técnica de su elaboración, particularmente la molienda, tenga un origen prehispánico, pues las fuentes hablan de harina de chían y de chiantzozolli", afirmó.
En su investigación titulada "Chía y chan en el Templo Mayor de Tenochtitlan", Montúfar cita a Alvarado Tezozómoc, quien alude al brebaje preparado con chian tzotzol para no sentir el calor del sol y que ahora el bate -preparado e ingerido en Colima- podría corresponder con aquél; "hecho que mostraría la permanencia del uso del chan como bebida desde la época prehispánica", sostuvo.
Con base en un contexto arqueológico del antiguo centro ceremonial de México Tenochtitlan, donde se localizaron semillas de las dos chías, se puede aseverar que se trata de una prueba fehaciente sobre la importancia alimenticia y medicinal, entre otras formas de aprovechamiento, que tuvieron esas plantas entre los mexicas.
Añadió que no se debe soslayar su trascendencia ceremonial, como material de oblación, en honor a los dioses. Montúfar señaló que el objetivo de su investigación era conocer las plantas que integraban la ofrenda 102 del Templo Mayor, lograr su identidad taxonómica, conocer su historia, su relevancia ceremonial prehispánica e importancia etnobotánica, a través de 500 años hasta nuestros días. Además de informar sobre su biología y ecología.
En este caso, de las chías pequeña y gorda, de acuerdo con la investigadora, en la Nueva España se aprovechaban, por lo menos, dos tipos de chías: una de semillas muy pequeñas y otra de simientes como lentejas. Pero ambas plantas se conocen, indistintamente, como chía o chan.
De la primera (Salvia hispánica), su género contiene alrededor de 900 especies de amplia distribución en el mundo. De éstas, cerca de la cuarta parte habita en las montañas mexicanas, incluyendo el Valle de México, donde se desarrollan 33 especies.
La planta quizá se cultivaba desde el tiempo de los mexicas, pero en el siglo pasado se producía para aprovechar la semilla que contiene 25 por ciento de aceite, de color amarillo, de sabor y olor que lo asemejan al de la linaza.
Por su parte, el chan (Hyptis suaveolens) es una planta que crece en los lugares cálidos de México y Sudamérica, desde el nivel del mar hasta mil 200 metros de altura, y su género cuenta con alrededor de 300 especies.
En el territorio nacional se le halla profusamente en Sonora, Nayarit, Jalisco, Campeche y Yucatán. Desde el punto de vista medicinal, a la chía (pequeña) se le aprovecha actualmente contra las enfermedades gástricas y respiratorias, mientras que la planta de chan (gorda) se le utiliza contra padecimientos de la vesícula biliar, hígado, riñones y estómago, afirmó Montúfar.
Por otra parte, a partir de las fuentes documentales se sabe que ambas plantas sostienen y sostuvieron importantes usos para la salud, como por ejemplo contra las fiebres, las disenterías y demás flujos, la bilis, la orina y la sarna.
La especialista citó a Manuel Orozco y Berra, quien destacó las propiedades emolientes, pectorales, desinflamatorias y laxantes de la semilla mucilaginosa de las chías (pequeña y gorda). Con las semillas del chan, condimentadas con azúcar y miel y agregándoles a veces almendras peladas o semillas de melones o de otras plantas, se preparan confituras muy agradables y bebidas refrescantes muy eficaces para mitigar el ardor de la fiebre.
Las aguas preparadas con chan también son útiles para el estreñimiento y contra la bilis. Además, para "estimular el parto" y para detener la hemorragia nasal.
La autora afirmó que las infusiones de las hojas de chan y el agua preparada con sus semillas, sirven contra las agruras, dolor de estómago, las fiebres y para la buena digestión.
El cocimiento de sus raíces es útil para aliviar las molestias de riñón, de la vesícula y del hígado. Las fuentes documentales del siglo XVI aluden con frecuencia a la manufactura de atoles, elaborados con pinolli, harina preparada a través del tostado y molido de algunas semillas como el maíz, la chía y la calabaza.
Uno de los usos de las chías y las chanes es la preparación de sus semillas con agua, bebida altamente refrescante, la cual es endulzada y saborizada con limón, pero en el caso del chan suele usarse sola con azúcar, pues es muy aromática.
El agua fresca de chía, hasta hace algunos años, se expendía en las calles de la Ciudad de México por las chieras, cuando se acercaba la Semana Santa.
Por cierto, los sucesores de las chieras son los vendedores de jugos localizados en las esquinas de los puntos más transitados de pueblos y ciudades del país. Ante la oferta de los refrescos embotellados, se ha desalentado actualmente la venta de aguas frescas; sin embargo, todavía puede hallarse ocasionalmente bebida de chía en las ferias regionales.
El agua fresca de semillas de chan con limón se vende todo el año en la estación de camiones suburbanos de la ciudad de Colima. Sin embargo, lo más relevante es la venta de bebida típica llamada bate. El bate se prepara moliendo en el metate las semillas tostadas de chan, cuyo polvo se mezcla con el agua, moviendo constantemente para que se disuelva en su totalidad, se le agrega miel de piloncillo y hielo.
La bebida que se obtiene es espesa, de sabor agradable y muy refrescante, la venden en el Zócalo y en los mercados de esa ciudad.

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