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septiembre 25, 2006

En catálogo, la memoria de la orden franciscana en México

Establecida en México en 1524, la Orden de San Francisco dominó la primera etapa de la evangelización en el México central, y sus misioneros estuvieron en muchas regiones. Luego, al ser expulsados los jesuitas en 1767, toda la obra misional quedó a su cargo.

El archivo llegó a la Biblioteca Nacional en 1919 cuando Luis García Pimentel, hijo del gran historiador y bibliógrafo Joaquín García Icazbalceta, lo vendió.

Si bien existe otra parte de este archivo en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en aquél predominan los documentos generados y recibidos en las Comisarías Generales de la Nueva España.

Aproximadamente 25 por ciento de su información versa sobre las misiones franciscanas en las Provincias Internas, desde la Alta y Baja California hasta Nuevo México y Texas. Contiene también documentos sobre las provincias de Jalisco, Zacatecas, Yucatán y Michoacán, el Colegio de Tlatelolco, misiones de Tabasco y Campeche en el siglo XVII y sobre muchos otros temas.

Tras dos años de recibir apoyo económico internacional, el Archivo Franciscano de la Biblioteca Nacional solicitará una tercera ayuda para culminar la catalogación de las 159 cajas que conforman este acervo documental de los siglos XVI al XIX.

“La asistencia que el Programa de Apoyo al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos (ADAI) de la Cooperación Iberoamericana, en colaboración con el Archivo General de la Nación, dio al proyecto de 2005 fue de 4 mil euros.

“Para 2006 fue de 7 mil 500 euros y para el próximo año se está solicitando esta última cantidad”, explica la coordinadora de la Biblioteca Nacional, Rosa María Gasca.

La ayuda previa ha permitido elaborar un instrumento de consulta que facilite el trabajo de los investigadores interesados en el acervo. El proyecto dio continuidad a la labor desarrollada por el doctor Ignacio del Río quien elaboró una guía del archivo trabajando hasta la caja 50; después Angélica Orozco continuó hasta la caja 88.

“Con el programa ADAI, para darle continuidad y tener un instrumento de consulta que permitiera recuperar la información contenida en el archivo, en el 2005 se trabajaron 13 cajas, de la 88 a la 100.

“En septiembre se concluye con el compromiso de llegar a la caja 120 aunque se pudo avanzar hasta la 130. Esperamos que, de darnos la ayuda para el 2007, se concluya con las 159 cajas”, apunta Gasca.

El contenido. Este importante archivo proviene del Convento Grande de San Francisco de la Ciudad de México, contiene mil 844 expedientes y 8 mil 642 registros, reunidos en la totalidad de las cajas.

De ahí la relevancia en información histórica que reviste este archivo, por ello “es sumamente importante este apoyo de ADAI que se orienta a apoyar archivos iberoamericanos, que lo haya logrado la Biblioteca es realmente una gran aportación y un beneficio para México y sus investigadores”, explica la coordinadora.

Gasca señala que “entre los documentos ya catalogados aparecen constancias de limpieza de sangre, bulas apostólicas, fundaciones de cofradías y sus constituciones, cartas poder, escrituras de obligación, obras pías, noticias de fundación con alguna información relativa a la población indígena como demografía y cosmovisión, así como fricciones entre los religiosos franciscanos e indígenas.

“Se han localizado, también, un importante número de patentes que ayudan a identificar personajes destacados en la jerarquía eclesiástica y las relaciones de poder entre los religiosos criollos y peninsulares en Nueva España”.

Igualmente están las escrituras de obligación, para el caso del Convento de San Francisco de la Ciudad de México, que contribuyen a la reconstrucción urbana de la ciudad en aquella época, pues se dan importantes detalles de las calles y sus antiguos nombres.

Según Gasca, el trabajo de catalogación de este año correspondió a la información de los siglos XVII al XVIII y aclara que “es un trabajo muy especializado, cada registro consigna, por ejemplo, la tipología del documento, un título, el nombre del autor, nombre del destinatario, resumen del contenido y el lugar y fecha de su expedición”.

El apoyo económico también ha permitido que esta información se esté dando de alta en el Catálogo Nautilo de la Biblioteca Nacional de México, que se puede consultar en la página web de la institución.

Publicado por Verónica Díaz en Milenio Diario, el 24 de septiembre de 2006.

septiembre 20, 2006

Nuevos datos sobre antiguos mexicanos, a partir del próximo sábado


En el V Ciclo de Conferencias Templo Mayor y Tlatelolco en voz de sus investigadores, se presentarán nuevos datos y aspectos en torno a la forma de vida de los antiguos mexicanos, su tecnología, la educación, la religión, la forma de medir el tiempo y el aprovechamiento de los recursos naturales, entre otros.
Del 23 de septiembre al 28 de octubre próximo, esta actividad académica tiene la prioridad de presentar, de una manera sencilla y con un lenguaje coloquial, los resultados de las investigaciones arqueológicas más recientes del Proyecto Templo Mayor.
Asimismo, buscará cumplir con la misión del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de difundir el trabajo de sus especialistas y acercar el conocimiento obtenido al mayor número de personas posible, señaló una fuente del Museo del Templo Mayor.
Como parte de las actividades conmemorativas del XIX Aniversario de ese recinto cultural -a celebrarse el 12 de octubre entrante-, en ese ciclo se desarrollarán temas tales como la ornamentación de los cráneos humanos con mosaicos de turquesa y serpentina; el análisis de los ceremoniales y las representaciones de deidades en piedra verde y turquesa.
Asimismo, el estudio iconográfico en esculturas, los recientes descubrimientos arqueológicos en el estado de Nayarit, los trabajos de investigación en el Cerro de la Estrella, y el arte novohispano de Tlatelolco, por ejemplo.
Es por ello que como un espacio de investigación científica, el Museo del Templo Mayor planea, organiza, concreta y difunde el trabajo que un cuerpo de investigadores especializados realiza en la búsqueda de un mayor conocimiento acerca de las culturas antiguas y del proceso cultural que vivieron ciudades como Tenochtitlan y Tlatelolco.
Este año -como en las ediciones anteriores- se ha buscado la participación de diversos especialistas para que, de manera sencilla y mediante un lenguaje accesible a todo aquel que sienta interés en acercarse a estos temas, den a conocer los trabajos de investigación más recientes de ambos sitios.
Cabe aclarar que las conferencias son meramente de divulgación y están dirigidas a todo público, el cual no necesita tener conocimientos previos, sino exclusivamente el interés por conocer más acerca de la cultura mexica como antecedente inmediato y parte fundamental de la idiosincrasia nacional.
El Ciclo iniciará con el tema Cráneos humanos decorados con mosaicos de turquesa y serpentina, a cargo del arqueólogo Emiliano Melgar Tísoc, y también con el tópico La llegada del fuego al Tlalocan: análisis del Xiuhtecuhtli de Cámara II, por parte del arqueólogo Edgar Pineda Santacruz.
El 30 de septiembre tocará su turno a la arqueóloga Reyna Solís Ciriaco, con Representaciones de Tláloc en piedra verde, y el arqueólogo Alejandro Maldonado Reséndiz, con Los artistas de la turquesa en la sociedad mexica.
Para el 7 de octubre se tiene prevista la participación de los arqueólogos Raúl Barrera Rodríguez y Ricardo Rivera García, con la conferencia titulada Entre montañas y ríos sagrados. Arqueología en El Cajón, Nayarit, que justamente se refiere a la temática de la próxima exposición temporal del Museo del Templo Mayor.
El 13 de octubre, el arqueólogo Salvador Guilliem Arroyo, jefe de la Zona Arqueológica de Tlatelolco, hablará sobre la primera pintura mural de la época novohispana localizada al interior de la Caja de Agua del Imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco.
Los arqueólogos Raúl Arana y Carmen Chacón intervendrán el 21 de octubre con el tópico Arqueología y conservación del Templo del Fuego Nuevo, Cerro de la Estrella, Iztapalapa, mientras que el 28 de octubre tocará su turno al arqueólogo Fernando Carrizosa Montfort, con Testimonios gráficos en la arqueología del Templo Mayor.
El arqueólogo Ángel González López culminará las conferencias con Estudio iconográfico en esculturas del Templo Mayor.

septiembre 17, 2006

El Museo de Antrpología "seguirá siendo el más importante"

El Museo Nacional de Antropología "seguirá siendo el más importante de nuestra historia", afirmó el laureado arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, autor del proyecto, durante un homenaje que recibió a 42 años de la apertura de ese recinto, el más visitado en este país.
Después de recibir de manos del restaurador Luciano Cedillo Alvarez, director del Instituto Nacional de Antroplogía e Historia (INAH), un diploma y una medalla de plata en reconocimiento a su trayectoria, Ramírez Vázquez señaló que la importancia de este museo "no me sorprende, pues su calidad es la que le da su vigencia".
El célebre proyectista, que ha también ha ideado edificios emblemáticos como la Basílica de Guadalupe y el Estadio Azteca, añadió que "el mejor juez de la arquitectura es el tiempo" y hoy por hoy el Museo Nacional de Antropología ha demostrado no ser sólo uno de los más importantes del país, sino del mundo entero.
El homenaje realizado en el marco del último día de la 18 Feria del Antropología e Historia (FLAH), comenzó con un sonoro aplauso que ofreció el público presente a Ramírez Vázquez, en el Auditorio Jaime Torres Bodet. Abierto por primera vez al público el 17 de septiembre de hace 42 años, Ramírez Vázquez recordó que en la planeación del museo participaron además personajes como Román Piña Chan, Ricardo Robina, Jorge Campuzano Fernández, Rafael Mijares y Antonio Caso, entre otros.
Después de visitar 58 recintos de los más importantes del mundo, el grupo de especialistas, preparó la construcción del museo que se concluyó después de 19 meses, para convertirse en uno de los más importantes del país.
A Ramírez Vázques tocó la misión de convencer al entonces presidente de México, Adolfo López Mateos (1958-1964), y al secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, de la necesidad de contar con un museo que albergara la historia antigua de México y diera una visión acerca de las culturas más añejas de la nación.
A más de cuatro décadas de su apertura, Ramírez Vázquez dijo: "Ahora veo con orgullo y satisfacción haber logrado esta obra en un México donde se podían hacer las cosas".
En el homenaje a Ramírez Vázquez, estuvieron el arqueólogo Felipe Solís, director del Museo Nacional de Antropología, e Isaac Masri, consejero del Patronato del Museo. Ramírez Vázquez pertenece a la generación más reciente de arquitectos contemporáneos de México y comenzó su labor profesional en el Comité Federal de Construcción de Escuelas y el Patronato del Distrito Federal, en 1949.
Junto con otros destacados profesionistas participó en el diseño de la Escuela Nacional de Medicina, en Ciudad Universitaria en 1953, y para 1960 dirigió las obras de la Galería de Historia en Chapultepec (Museo del Caracol), en colaboración con el escultor y muralista José Chávez Morado y el mueseógrafo Julio Prieto.
La carrera de Ramírez Vázquez incluye además la planeación de sitios emblemáticos como el Museo de Arte Moderno y la Torre de Tlatelolco, así como el Museo de las Culturas Negras en Dakar, Senegal, y la Nueva Catedral de Managua, Nicaragua.

septiembre 11, 2006

El mendocino que ayudó en el 11-S

El mendocino trajo algunos escombros y un dibujo que un niño de Florida dejó en la cerca que rodeaba las Torres Gemelas.

Estaba buscando el estado del tiempo en Internet, pero se encontró con una noticia de último momento: un avión se había estrellado contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York. Era increíble. Realmente no podía concebir lo que estaba pasando. Si estaba tan sólo a 10 minutos de las Torres. Pero era real. Salió de su oficina en Queens y trató de llegar al otro lado del río, pero no pudo. El tránsito había sido paralizado aquel 11 de setiembre de 2001.
Paralizado quedó el mundo frente a las pantallas de televisión. Nadie podía discriminar si era realidad o ficción. Uno de los hitos de la economía norteamericana se incendiaba, porque un avión se había estrellado contra uno de sus edificios. ¿Era un accidente o un atentado? Dieciocho minutos después no hubo dudas; otro avión se estrelló contra la segunda torre.
“Me fui a una de las orillas del East River y desde allí veía el humo. Si a mí me hubieran dicho alguna vez que fuéramos a ver una película en la que el argumento era sobre un atentado a las Torres Gemelas, no hubiera ido. Eso era algo que no iba a ocurrir nunca”, comentó Arnaldo Rinaldi, un mendocino que estuvo en el lugar de la tragedia colaborando en tareas de rescate.
Y, sin embargo, ocurrió. Hoy, desde Mendoza, Arnaldo cuenta lo que vivió los días que siguieron. Días en los que se sentía “olor a muerto”, en los que las normas de seguridad de la principal potencia mundial se pusieron en cuestión y se intensificaron de manera paranoica.
Incluso hacia el resto del mundo. Todo estaba bajo amenaza y no se sabía qué iba a ocurrir. Al menos eso transmitían las grandes cadenas televisivas. El terror había ganado al mundo y la historia se dividía entre los que estaban a favor o en contra de Estados Unidos.
“Fue un episodio después del cual no se sabía qué iba a pasar. Y aún no se sabe”, afirmó Arnaldo. Reflejo de esa incertidumbre es la obra que encargó al artista plástico mendocino Osvaldo Chiavazza, a la que llamó “Pandora”.
El cuadro cuelga de una de las paredes de su local de comidas en ciudad. Parte de la obra son los restos de metal que volaron en pedazos. “Son el testimonio de lo que pasó. Cuando los traje pensé que tenía que hacer algo con ellos y hablé con Osvaldo durante muchas horas, para que captara la esencia de lo que había ocurrido”.
El sistema de seguridad de Estados Unidos se puso en cuestión. Comenzó a circular cada vez más firmemente la idea de que el gobierno sabía del atentado y no hizo nada para frenarlo. “Le sirvió a Estados Unidos para controlar todo. Con la excusa de combatir al terrorismo dominan el mundo. Pero esta estrategia les sirvió para beneficiarse”.

Autorizado
Las numerosas actividades y la participación que Rinaldi alcanzó en Estados Unidos hicieron que, entre otras cosas, tuviera contacto con la brigada de rescate mexicana Topos Tlatelolco, una de las más conocidas en el mundo. Por lo que de inmediato -contó- inició los trámites para que autorizaran el ingreso de los rescatistas a la zona del atentado.
“A la semana estábamos allí. Habían cerrado a quince cuadras a la redonda y no dejaban que entrara nadie sin una acreditación”, recordó y mostró la que él presentaba para poder ingresar. Su tarea se sumó a la de los Topos y a la de miles de personas que escarbaban entre los escombros para ver si podían salvar a alguien más. “Pero no había sobrevivientes, había pedazos de cuerpos que se iban colocando en una especie de camilla. A los escombros se los llevaba un camión a una zona en la que se revisaba uno por uno para ver si se encontraba una pista de algo. Los bomberos y los policías se convirtieron en héroes”.
De entre las fotos, diarios, credenciales y papeles que guarda de ese momento, sacó un dibujo hecho por un niño. “Ustedes son mis héroes”, decía en inglés. Y mostraba a un policía y un bombero, al lado de la bandera norteamericana flameando. Ellos eran la esperanza de los que buscaban allí a sus familiares.
Fueron tres mil las personas que murieron tras el atentado a las torres. “Después del atentado no había nadie en las calles. Esa zona era un pueblo fantasma y había capas de polvillo blanco por todos lados. Decían que era tóxico, pero lo vamos a poder saber con el tiempo. Salía humo de abajo de la tierra”.
Estuvieron un mes trabajando en el área. “No escatimaban gastos. Hoy nos daban un traje y si mañana pedías otro, te lo daban. Gastaron 100 millones de dólares por semana”, seguía sorprendiéndose.
El mendocino perdió amigos y gente conocida en el atentado. Uno de ellos fue Michael Judge, el primer muerto oficial. Era el cura de los bomberos de Nueva York. “Ahora lo quieren beatificar. Ellos fueron los primeros en llegar al lugar porque estaban a 20 cuadras”.
En 2004 se volvió a Mendoza. “Nueva York ya no era lo mismo después de 35 años”.


Publicado por Los andes on line, por Lorena Villafañe.
http://www.losandes.com.ar/2006/0910/sociedad/nota337144_1.htm

septiembre 05, 2006

El uso de la chía y chan en el México antiguo


Una investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dedujo diversas utilidades medicinales, alimenticias y ceremoniales de las semillas chía y chan desde tiempos antiguos, incluida la elaboración de bebida refrescante.
El estudio de la bióloga Aurora Montúfar López establece que el término nahua chianzotzolatole implica la acción de moler o tratar las semillas de chan para elaborar la bebida refrescante conocida en la actualidad como bate, señaló el INAH en un comunicado.
"Es factible que la técnica de su elaboración, particularmente la molienda, tenga un origen prehispánico, pues las fuentes hablan de harina de chían y de chiantzozolli", afirmó.
En su investigación titulada "Chía y chan en el Templo Mayor de Tenochtitlan", Montúfar cita a Alvarado Tezozómoc, quien alude al brebaje preparado con chian tzotzol para no sentir el calor del sol y que ahora el bate -preparado e ingerido en Colima- podría corresponder con aquél; "hecho que mostraría la permanencia del uso del chan como bebida desde la época prehispánica", sostuvo.
Con base en un contexto arqueológico del antiguo centro ceremonial de México Tenochtitlan, donde se localizaron semillas de las dos chías, se puede aseverar que se trata de una prueba fehaciente sobre la importancia alimenticia y medicinal, entre otras formas de aprovechamiento, que tuvieron esas plantas entre los mexicas.
Añadió que no se debe soslayar su trascendencia ceremonial, como material de oblación, en honor a los dioses. Montúfar señaló que el objetivo de su investigación era conocer las plantas que integraban la ofrenda 102 del Templo Mayor, lograr su identidad taxonómica, conocer su historia, su relevancia ceremonial prehispánica e importancia etnobotánica, a través de 500 años hasta nuestros días. Además de informar sobre su biología y ecología.
En este caso, de las chías pequeña y gorda, de acuerdo con la investigadora, en la Nueva España se aprovechaban, por lo menos, dos tipos de chías: una de semillas muy pequeñas y otra de simientes como lentejas. Pero ambas plantas se conocen, indistintamente, como chía o chan.
De la primera (Salvia hispánica), su género contiene alrededor de 900 especies de amplia distribución en el mundo. De éstas, cerca de la cuarta parte habita en las montañas mexicanas, incluyendo el Valle de México, donde se desarrollan 33 especies.
La planta quizá se cultivaba desde el tiempo de los mexicas, pero en el siglo pasado se producía para aprovechar la semilla que contiene 25 por ciento de aceite, de color amarillo, de sabor y olor que lo asemejan al de la linaza.
Por su parte, el chan (Hyptis suaveolens) es una planta que crece en los lugares cálidos de México y Sudamérica, desde el nivel del mar hasta mil 200 metros de altura, y su género cuenta con alrededor de 300 especies.
En el territorio nacional se le halla profusamente en Sonora, Nayarit, Jalisco, Campeche y Yucatán. Desde el punto de vista medicinal, a la chía (pequeña) se le aprovecha actualmente contra las enfermedades gástricas y respiratorias, mientras que la planta de chan (gorda) se le utiliza contra padecimientos de la vesícula biliar, hígado, riñones y estómago, afirmó Montúfar.
Por otra parte, a partir de las fuentes documentales se sabe que ambas plantas sostienen y sostuvieron importantes usos para la salud, como por ejemplo contra las fiebres, las disenterías y demás flujos, la bilis, la orina y la sarna.
La especialista citó a Manuel Orozco y Berra, quien destacó las propiedades emolientes, pectorales, desinflamatorias y laxantes de la semilla mucilaginosa de las chías (pequeña y gorda). Con las semillas del chan, condimentadas con azúcar y miel y agregándoles a veces almendras peladas o semillas de melones o de otras plantas, se preparan confituras muy agradables y bebidas refrescantes muy eficaces para mitigar el ardor de la fiebre.
Las aguas preparadas con chan también son útiles para el estreñimiento y contra la bilis. Además, para "estimular el parto" y para detener la hemorragia nasal.
La autora afirmó que las infusiones de las hojas de chan y el agua preparada con sus semillas, sirven contra las agruras, dolor de estómago, las fiebres y para la buena digestión.
El cocimiento de sus raíces es útil para aliviar las molestias de riñón, de la vesícula y del hígado. Las fuentes documentales del siglo XVI aluden con frecuencia a la manufactura de atoles, elaborados con pinolli, harina preparada a través del tostado y molido de algunas semillas como el maíz, la chía y la calabaza.
Uno de los usos de las chías y las chanes es la preparación de sus semillas con agua, bebida altamente refrescante, la cual es endulzada y saborizada con limón, pero en el caso del chan suele usarse sola con azúcar, pues es muy aromática.
El agua fresca de chía, hasta hace algunos años, se expendía en las calles de la Ciudad de México por las chieras, cuando se acercaba la Semana Santa.
Por cierto, los sucesores de las chieras son los vendedores de jugos localizados en las esquinas de los puntos más transitados de pueblos y ciudades del país. Ante la oferta de los refrescos embotellados, se ha desalentado actualmente la venta de aguas frescas; sin embargo, todavía puede hallarse ocasionalmente bebida de chía en las ferias regionales.
El agua fresca de semillas de chan con limón se vende todo el año en la estación de camiones suburbanos de la ciudad de Colima. Sin embargo, lo más relevante es la venta de bebida típica llamada bate. El bate se prepara moliendo en el metate las semillas tostadas de chan, cuyo polvo se mezcla con el agua, moviendo constantemente para que se disuelva en su totalidad, se le agrega miel de piloncillo y hielo.
La bebida que se obtiene es espesa, de sabor agradable y muy refrescante, la venden en el Zócalo y en los mercados de esa ciudad.

septiembre 03, 2006

Resume la historia del país la Plaza de las Tres Culturas

* La Zona Arqueológica es visitado diariamente por cientos de personas, principalmente extranjeros

* Fue el centro comercial más importante de la era prehispánica


Visitada diariamente por cientos de personas, principalmente turistas extranjeros, la Plaza de las Tres Culturas, donde se encuentra el sitio arqueológico de Tlatelolco, reúne tres etapas de la historia del país: el mundo prehispánico, la Colonia y el México moderno.

Localizada en la zona de Tlatelolco, en el norte del Centro Histórico de la Ciudad de México, el área es recorrida cada día por entre 400 y 500 personas, principalmente los viernes, sábados y domingos, aunque también muestra importante afluencia de lunes a jueves.

Con visitas guiadas, los paseantes conocen que en Tlatelolco -palabra compuesta por los vocablos en náhuatl Tlatelli, o "terraza", y Xaltilolli, "punto arenoso"- se encontraba el centro comercial más importante de la era prehispánica, incluso a nivel continental.

Algunos documentos antiguos mencionan que la fundación de Tlatelolco fue anterior a la de Tenochtitlan, aunque otros la dan como posterior, lo cierto es que ambas ciudades compartieron el mismo destino.

Tenochtitlan controló el poder ideológico, político y económico, mientras que Tlatelolco participó en todas las campañas militares de conquista hacia otras poblaciones del México prehispánico y dirigió el comercio a partir de 1428, cuando los mexicas se liberaron del señorío de Azcapotzalco y trasladaron a Tlatelolco su mercado, el más importante hasta la llegada de los españoles, en 1519.

En 1515, Cuauhtémoc fue elegido Señor de Tlatelolco, y a la llegada de los conquistadores españoles, Moctezuma Xocoyotzin gobernaba Tenochtitlan; a su muerte subió al poder Cuitláhuac, quien falleció de viruela a los 40 días de estar en el trono.

Entonces los mexicas eligieron a Cuauhtémoc como señor de las dos ciudades, quien dirigió la resistencia indígena en el sitio de la ciudad de Tlatelolco, que duró 80 días, hasta que fue hecho prisionero por el conquistador Hernán Cortés el 13 de agosto de 1521.

La Plaza de las Tres Culturas resguarda el Templo de Ehécatl Quetzalcóatl, que es una estructura de planta mixta, es decir, con el cuerpo principal de forma circular y la fachada rectangular, con una escalinata al frente viendo hacia el oriente y conserva en su interior un sitio con restos de su adoratorio superior.

El lugar ha sido un sitio de permanentes sorpresas históricas, y entre 1987 y 1989 se efectuó una excavación a lo largo de la plataforma frontal, donde se descubrieron 41 entierros y 54 ofrendas que incluían infantes dentro de ollas con figurillas de cerámica, piedra y concha.

También se puede apreciar el Templo Calendario, al que se le llama así porque sus fachadas secundarias están decoradas con tableros que contienen 13 glifos cada uno, los cuales corresponden a las tres primeras trecenas del calendario ritual o Tonalpohualli, que se inician en la fachada norte y continúa en el este y el sur.

En 1989, en el centro de la fachada principal se descubrió una pintura mural que representa a la pareja creadora de la cuenta del tiempo, Cipactonal y Oxomoco, acompañados por los grifos de la cuarta trecena del calendario ritual, complementando así cuatro trecenas y teniendo como referencia la cuenta de 52 años, que componían un siglo mexica.

Otro sitio que destaca en esta zona arqueológica es El Palacio, que se trata de un conjunto compuesto por cuatro pequeñas habitaciones, con un patio central con un altar pegado al muro norte, y se conservan también restos de las pilastras que conformaban un amplio portal, así como dos escalinatas de acceso, divididas por un dado central, decorado con clavos de tezontle.

En los llamados Templo "Z", Templo "T" y Altar "U" también destacan edificios, cuyas fachadas están orientadas hacia la plaza central del patio sur, donde está el tercer conjunto arquitectónico, compuesto por cuatro fachadas con escalinatas de acceso.

Asimismo, sobre el Altar "U" se aprecian restos de etapas constructivas posteriores. Conjuntamente, las estructuras orientales, el palacio al norte, el Templo "T" y esta edificación conforman una plaza cerrada en el patio sur del recinto ceremonial.

En la Plaza de las Tres Culturas se encuentra el Templo de las Pinturas, y su arquitectura presenta el modelo de talud-tablero de influencia teotihuacana, idéntico a los templos rojos de la zona arqueológica del Templo Mayor de Tenochtitlan.

Así, las tres fachadas del edificio, que al parecer estuvo dedicado a Xochipilli, están decoradas con relieves que representan pendones a manera de moños y se conservan restos de la pintura mural que decoraba las fachadas, los tableros y las alfardas.

Una de las edificaciones que más destacan en esta zona arqueológica es el Templo Mayor. Etapa II, edificio que es idéntico en medidas, orientación y arquitectura al Templo Mayor de Tenayuca y al de Tenochtitlan, donde se conservan en mejor estado los adoratorios de Tláloc y Huitzilopochtili, de la misma fase.

En Tlatelolco se logró rescatar del nivel freático un cuerpo más de la pirámide, por lo que en apariencia se ve más alta, y en sus fachadas laterales y posterior se aprecia una serie de grifos tallados en piedra, 100 de los cuales decoran el lado de Huitzilopochtli y 50 al de Tláloc, con cuatro de ellos en la fachada principal.

Otro edificio importante lo componen los templos "I" y "J"; el primero está en forma rectangular, que sobresale del conjunto, ya que está construido totalmente con cantera rosa, a diferencia del resto de los edificios de la zona, que sólo emplearon este tipo de piedra en las fachadas principales, esquinas, y peldaños.

Colinda al oriente con el Templo "J", de diseño similar, pero construido con tezontle, y ambos tienen una plataforma general de acceso y su fachada principal presenta doble escalinata de acceso, limitada por alfardas y al centro un dado decorado con un panel de elementos circulares llamados clavos.

El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtémoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés, e inmediatamente después el conquistador español se dio a la tarea de construir en honor a su santo patrono y con las mismas piedras del templo mexica la iglesia de Santiago Apóstol, que sufrió diferentes modificaciones en el siglo XVI.

Para 1527 estaba ya en funcionamiento, y en el interior de la iglesia se conserva una pila bautismal que hace referencia a que en ella se bautizó al indio Juan Diego, quien a partir de 2002 es santo.

La iglesia de planta cruciforme aparece orientada hacia el poniente, su fachada principal presenta una gran puerta de madera contenida por un arco de medio punto soportado por sendas columnas que tienen nichos donde quizá estaban las imágenes de San Pedro y San Pablo.

El segundo cuerpo de esta fachada, presenta rodeado por una enorme cenefa vegetal el escudo de la orden franciscana, dividido por un enorme ventanal que ilumina el coro alto y, al igual que el remate, está flanqueado por doble columnata lateral y en éste último quizá estuvo la imagen del santo patrono.

La portada norte es una espléndida muestra del sincretismo novohispano, ya que sobre la puerta de medio punto aparece en un nicho de media cúpula San Francisco flanqueado por columnas y floreros estilizados.

El remate a manera de triángulo, truncado por la presencia de un águila indígena que sujeta un escudo flanqueado por flechas y macanas mexicas que contiene los cinco estigmas de San Francisco, junto con las tres orlas que penden del mismo remate y que están escarificadas, representando el topónimo de Tlatelolco, muestran el mestizaje del siglo XVI.

En el interior de la iglesia, sobre la puerta norte, aparece San Cristóbal pintado en ocho metros de altura, representando ser el portador de la religión católica al nuevo mundo, mientras que el medallón que aparece al pie del santo se asegura que fue repintado en 1763, por lo que seguramente fue realizado para los albores del siglo XVII.

Sobresale el crucero de la iglesia, que está formado por enormes columnas en cuyas uniones se forman las pechinas que soportan las esculturas de barro, estucado y policromado a la usanza indígena y que representan a los cuatro evangelistas, soporte de la religión católica: San Mateo, San Lucas, San Marcos y San Juan, cada uno montado en su emblema alado: el ángel, el toro, el león y el águila.

De los bellos retablos que decoraron los interiores de la iglesia, solamente el fragmento central del retablo principal sobrevivió a los saqueos de las guerras de Reforma del Siglo XIX.

En él, se aprecia a Santiago Apóstol montado en su corcel blanco luchando contra los mexicas, y enfrente aparece un guerrero océlotl y bajo ellos otros indígenas vencidos, quizá como alegoría de las almas del purgatorio, ya que aparece una pierna mutilada.

Por último, en el contrafuerte externo del ábside de la iglesia se encuentra empotrada una enorme piedra que presenta hacia el norte el rostro descarnado de una deidad prehispánica, con tocado de volutas y cascabeles de oro, grandes ojos y boca descarnada, de donde emerge una lengua bífida, y que quizá representa a Tlaltecuhtli, diosa de la tierra.

Este bloque tiene relieves en sus caras superior y posterior, de los que por desgracia aún hay gran misterio, al igual que otras tantas piedras prehispánicas que fueron usadas en la sillería de los muros de la iglesia de Santiago.

La Plaza de las Tres Culturas estuvo enmarcada al norte por los edificios habitacionales 15 de Septiembre y 2 de Abril, que originalmente tenían 12 pisos, al igual que el Chihuahua, y conjuntamente limitaban la perspectiva del espacio público, hasta que el terremoto del 19 de septiembre de 1985 obligó a truncar los dos primeros a la mitad.

En 1993, a 25 años de los hechos sangrientos del movimiento estudiantil del 2 de octubre de 1968, en el lugar se erigió una estela para conmemorar ese hecho histórico.

Cabe destacar que en 1944, el investigador Robert H. Barlow propuso a Pablo Martínez del Río, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, hacer una serie de pozos estratigráficos frente al atrio de la Iglesia de Santiago Apóstol, donde estaba un pequeño montículo, con la intención de obtener una serie de restos arqueológicos que permitieran conocer la temporalidad del sitio.

Los trabajos iniciaron en abril de ese mismo año, con Antonieta Espejo al frente. En 1953 lograron la declaratoria de zona arqueológica protegida por las leyes federales y tres años después terminó esta investigación, que permitió descubrir todas las estructuras de las siete etapas construidas del Templo Mayor de México Tlatelolco.

El equipo que llevó a cabo la primera investigación que se hizo en el sitio nunca se imaginó que encontraría las estructuras del Templo Mayor mexica y cinco ofrendas, atractivo principal del conjunto histórico que integra la Plaza de las Tres Culturas.