Entrada destacada

Nonoalco-Tlatelolco a la venta; la historia

entresemana / "Luis Arellano Mora: En la década de los años 50 la economía mexicana comenzaba a lograr un crecimiento constante y so...

octubre 31, 2006

Conservan 41 grupos indígenas sus rituales de Día de Muertos

En la región de la Huasteca la festividad es conocida como Xantolo y a pesar de ser un tiempo de tristeza también es una celebración de alegría, porque ya se ha cosechado la milpa de temporal.

Como cada año, la tambaleante flama de las veladoras alumbrará el camino, los vasos de agua servirán para saciar la sed y los suculentos manjares ofrendados matarán el hambre de los difuntos que sin falta acudirán a la cita para convivir con los vivos, durante esta celebración del Día de Muertos en México.

Considerada por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad desde 2003, la festividad, única en el mundo, y una de las más arraigadas en la población del centro-sur del país, mezcla significados ceremoniales donde simpatizan la tradición católica y prehispánica con la variedad étnica y cultural de la nación.

De acuerdo con datos de instituciones culturales, al menos 41 grupos indígenas de México y diversas localidades urbanas celebran la fiesta de veneración de los muertos, otorgándole los elementos característicos que representan el puente de unión entre el pasado milenario de la sociedad mexicana y las manifestaciones culturales de estos días.

Comunidades coras, choles, huastecos, huicholes, mayas, mazahuas, mazatecos, mixes, mixtecos, nahuas, purépechas, tepehuanas, tojolabales, totonacas, triquis, tzeltales, tzotziles, yaquis y zapotecas, entre otras, se funden en una solo para postrarse ante los fieles difuntos llegan el 1 y 2 de noviembre de cada año.

Los orígenes de la tradición en torno a los muertos se remontan a la época prehispánica, cuando entre los pueblos nativos existía una devota veneración por “la huesuda”, que ha llegado hasta estos días, a través de las diferentes manifestaciones que en torno a ella se realizaban.

De acuerdo con el historiador Alfredo López-Austín, la idea de la dualidad vida-muerte era entendida por los aztecas como un ciclo constante similar al de la naturaleza, por ejemplo, a la temporada de lluvias y de vida seguía la de secas y su consecuencia: la muerte, de donde surge nuevamente la vida.

De esta forma, el hombre prehispánico creía que había que mantener el equilibrio universal y por ello realizaba rituales de veneración a los dioses, con los que trataba de mantener el orden del universo. Estos consistían en sacrificios humanos y animales, pues se tenía la creencia de que de la muerte surgía la vida: “el hombre muere para que a la vez vuelva a nacer la vida”.

Por su parte, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma ha señalado que el hombre mesoamericano era destinado a un lugar después de morir conforme al género de su fallecimiento y que podía ser acompañando al Sol, al Tlalocan o al Mictlán.

Al primero iban los guerreros muertos en combate o sacrificio y las mujeres muertas en parto, al Tlalocan marchaban aquellos individuos muertos en relación con el agua o los que morían por un rayo, mientras que al Mictlán, noveno y último nivel del inframundo, iban quienes morían de muerte natural o de enfermedades no relacionadas con el agua.

Esta relación es distinguible en las deidades relacionadas con la muerte, que eran veneradas entre los mesoamericanos, como el murciélago maya o Mictlantecuhtli, que se menciona en el Códice Borbónico, o a través de cantos como el que señala “A dónde iré?, A dónde iré? El camino del Dios Dual. Por ventura es tu casa en el lugar de los descarnados?”.

Sin embargo, para el antropólogo Aarón Mejía, la actual festividad dista mucho de las creencias que se tenían en la época prehispánica y la manifestación actual de veneración de los muertos; en su opinión es “una tradición que se ha ido resignificando” con elementos provenientes de otras culturas y con el paso de los años.

Las tradiciones, señaló a la agencia Notimex, “tienen una gran capacidad de apropiarse de elementos, la entrada de productos de plástico o marcas comerciales, así como influencias foráneas, no impiden que la costumbre continué, no pone en riesgo la tradición, pues éstas son cosas que la gente simplemente va agarrando”.

Para el especialista, la celebración del Día de los Muertos tiene su fundamento en el “sentido que tiene realizarlas al interior de las comunidades; si hay cosas que ya no funcionan entre las comunidades simplemente se desechan”, no obstante, continua siendo una de las características principales de la celebración el “carácter colectivo” que se le asigna, sobre todo en los pueblos indígenas.

Con las fiestas dedicadas a los fieles difuntos, agregó, “se mantiene ese sentido de permanencia de un grupo, pues se tiene la creencia firme y real de que los antepasados vienen y comparten sus recuerdos con los vivos”, cuando por el contrario, los mexicas, lo que hacían era colocar ofrendas para el viaje hacia el Mictlán.

Lo cierto es que como afirma el antropólogo Fernando Hijar, “a pesar de la incorporación de nuevos elementos propios de la modernidad, la tradición del Día de Muertos, subsiste con su colorido y misticismo, sobre todo fuera de la mancha urbana”.

Los distintos rituales en diferentes regiones, agregó por separado, se han modificado por varios cientos de años en su forma de expresar y concebir la muerte, y ello no descarta la veneración que en la época prehispánica se tenía a los muertos.

Prueba de ello, son las celebraciones indígenas que con distintas manifestaciones culturales son realizadas por alrededor de seis millones de naturales que habitan estados como Campeche, Chiapas, Durango, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán o Zacatecas.

Entre los indígenas, las celebraciones comienzan generalmente en los últimos días de octubre (25 al 30) y los primeros de noviembre (1 al 3), sin embargo, existen poblaciones indígenas en las que dichas festividades llegan a extenderse a lo largo de todo el mes de noviembre, como en el caso de los chontales de Tabasco.

En muchos casos, la celebración está asociada aún con la regeneración de la naturaleza y por tanto de la vida, como sucedía entre los antiguos pobladores, y coincide con el inicio de los ciclos agrícolas y de labranza, hasta llegar al 2 de noviembre, como señaló Aarón Mejía.

En la región de la Huasteca, la festividad es conocida como Xantolo y a pesar de ser un tiempo de tristeza también es una celebración de alegría, porque ya se ha cosechado la milpa de temporal, por lo cual las fiestas inician en algunos casos con una primera ofrenda el 29 de septiembre, día de San Miguel, y otras el 18 de octubre, día de San Lucas.

Las almas se reciben con ofrendas que la gente prepara con mucho tiempo de anticipación, el 31 de octubre es el día dedicado a las almas de los muertos “chiquitos”, por eso se hace patskali o comida blanca, sin chile, y bailan los koli (viejos), hombres disfrazados que van de casa en casa a bailar frente al altar, recibiendo a cambio comida, aguardiente o algunas monedas.

El 1 de noviembre se tiene la costumbre de que se van las almas de los pequeños y llegan las de los grandes, cuya despedida es un día después, por lo que se llevan flores y ofrendas al panteón, el 30 de noviembre, día de San Andrés, se realiza la despedida o destape y los disfrazados o koli se quitan públicamente las máscaras con lo que reciben a todas las ánimas de vuelta.

En otras regiones como las popolocas de Soteapan, Veracruz, los rituales fúnebres se concentran en la Danza del Muerto o de la Basura, que se realizan de los 9 a los 40 días del fallecimiento de una persona y donde la existencia de sones es abundante, pues van de los 18 a los 80 diferentes: dedicados a niños, hombres y mujeres.

Cada tema cumple la función de purificar y ayudar a las almas a vencer los obstáculos en su tránsito al otro mundo como librar un desierto, evitar a los animales que el difunto dejó malheridos y que tratarán de castigarlo, pasar por un bosque donde los changos buscarán impedir que cruce o esquivar las almas de los brujos convertidos, ahora, en zopilotes.

De esta manera, en cada una de las comunidades indígenas y zonas urbanas de México, la muerte nos visita cada año para compartir, bailar, comer e iniciar de nuevo su largo viaje, su eterno descanso, y para ello, los mexicanos la reciben con altares u ofrendan en los que se colocan flores, frutas, inciensos y velas; con un mezcal o un vaso de agua para la sed que produce el trayecto.

octubre 29, 2006

Destacan el valor de los registros gráficos en la investigación arqueológica

En el marco del V Ciclo de conferencias "Templo Mayor y Tlatelolco en voz de sus investigadores", tocó turno al arqueólogo Fernando Carrizosa Montfort, quien destacó el valor del trabajo gráfico en la dilucidación de la historia prehispánica de México.

El especialista, quien forma parte del grupo de investigadores que trabajan en la zona arqueológica del Templo Mayor, dictó la ponencia "Testimonios Gráficos en la Arqueología del Templo Mayor", que fue la última de las conferencias del ciclo que organiza anualmente el Museo del templo Mayor.

Carrozosa Montfort destacó que la gráfica es una de las técnicas que se utilizan en las investigaciones arqueológicas, "en cualquier excavación, en cualquier investigación siempre vas a recurrir a dibujos, a la otra forma de representar lo que está escrito".

Señaló que aunque no sea un material escrito, el apoyo gráfico siempre será importante en el trabajo arqueológico "porque es un documento gráfico el que va ha quedar con información valiosa y precisa, y obviamente es un testimonio para futuras generaciones"

Puntualizó que por desgracia no en todos los proyectos de investigación se cuenta con un dibujante para hacer esta labor, "sería lo ideal, toda vez que es una disciplina especializada, pero en muchos casos es el mismo investigador el que tiene que realizar sus propios dibujos".

Explicó que en el caso de las investigaciones realizadas en el Templo Mayor, "el dibujo nos aclara mucho más lo que por lo general vemos en contexto arqueológico, ya sea una ofrenda o un mural o escultura, a veces en la pieza hay rasgos que no se entienden y el dibujo ayuda a interpretarlos".

Por último, puntualizó que el dibujo debe considerase "como un material que se va ha publicar a futuro, igual que lo escrito, porque si no se publica, no se conoce y no se difunde, entonces hay que entender que los registros gráficos en un futuro deben considerarse para publicación".

octubre 26, 2006

Vigilantes, cómplices de robacoches

Bandas dedicadas al robo de autos lograron coludirse con dos vigilantes que resguardaban los vehículos estacionados de los estacionamientos de la unidad habitacional Tlatelolco, donde permitían el ingreso de los ladrones para seleccionar con toda calma la unidad de su preferencia.

La Procuraduría de Justicia del Distrito federal investigó robos con un modus operandi muy similar, mediante el cual los habitantes de este complejo habitacional ingresaban sus autos y por la mañana ya no aparecían.

Al reclamar a los vigilantes, estos negaban que los propietarios les hubieran dejado los coches.

Tras acumularse varios robos en el horario en que Erasto Alonso Laos y Federico Ojeda Hernández laboraban, la Policía Judicial los detuvo como sospechosos de robo de vehículos.

Según esta investigación, se logró establecer su relación con bandas organizadas de robacarros, ya que permitían que en horas nocturnas se llevarán las unidades que les dejaban a cuidar los habitantes del edificio Miguel Negrete, en la segunda sección de Tlatelolco.

Pero justo en las horas y días que fueron robados cinco autos coincidían con el turno de los inculpados, quienes fueron presentados ante el Ministerio Público.

Sandra, fue una de sus víctimas. La mujer ingresó al estacionamiento y dejó su coche modelo 2000, en el espacio de eje 2 Norte Manuel González, esquina con la calle de Lerdo, en las cercanías del Metro Tlatelolco.

La mañana siguiente cuando acudió a recoger su vehículo, Erasto y Federico de 45 y 50 años de edad evadieron su responsabilidad, por lo que de inmediato presentó una denuncia.

octubre 19, 2006

Recibe el Templo Mayor afluencia histórica de visitantes



El domingo 15, cifra récord: 10 mil 166 personas en un día; Crece el interés por conocer el monolito dedicado a Tlaltecuhtli, Señor de la Tierra, hallado el pasado 2 de octubre

Ante la expectativa generada por el reciente hallazgo del monolito mexica en el predio Las Ajaracas, el que podría ser el mayor hallazgo de la ancestral cultura mexica, el pasado domingo los visitantes se desbordaron en la zona arqueológica del Templo Mayor y establecieron la cifra récord de10 mil 166 personas en un día.

Para recompensar la imposibilidad que tiene el público de admirar la colosal piedra de andesita lomprobolita, el Museo del Templo Mayor montará una exposición-secuencial fotográfica para que los interesados conozcan tanto los avances del Programa de Arqueología Urbana (PAU) como el rescate del monolito, el cual al parecer está dedicado a Tlaltecuhtli, Señor de la Tierra.

Ángel Porras, jefe de Difusión Cultural del recinto, explicó que la histórica afluencia sólo se equipara con las entradas ocurridas en los años recientes a la inauguración del museo de sitio, el 12 de octubre de 1987, lo cual significa que en 19 años no habían ingresado al lugar tal número de visitantes.

La cifra más cercana de visitantes que ha registrado el Templo Mayor -con entrada gratuita desde enero pasado- es la del 30 de septiembre de 2001, cuando ingresaron 8 mil 224 personas al sitio prehispánico.

''El domingo 8 de octubre también se registró una cifra superior a 8 mil 500 visitantes, lo cual se debe al interés del público por conocer los hallazgos en el predio Las Ajaracas y ese día había ya se había superado la asistencia de los pasados seis años".

El nuevo hallazgo de la plancha y un altar prehispánico con figuras del dios de la lluvia y la diosa del maíz superaría al del monolito circular de la Coyolxauhqui, la diosa de la luna, encontrado en 1978 a unos metros de distancia y que mide 3.25 metros de diámetros y pesa 5.2 toneladas.

Sobre el gran monolito, en el que especialistas del PAU aún trabajan para retirar el piso y la cisterna que lo cubren, Eduardo Matos Moctezuma dijo recientemente que la pieza estaría dedicada al Señor de la Tierra.

En algunas de sus representaciones, Tlaltecuhtli se caracteriza por parecer una feroz rana que devora todo y guarda en su seno los despojos humanos, pero también de él surge una planta que alimenta.

Un relieve de basalto hallado de esta deidad, que data del año 1500, también lo asocia ''con todo tipo de animales rastreros, insectos y huesos; además se le representa con un tocado rectangular acompañado de tres círculos que semejan chalchihuites; anteojeras y bigotera que adornan su faz, y el hocico abierto enseña los colmillos.

Además, la figura tiene en el centro del cuerpo un círculo rodeado de plumas con un quincunce (símbolo representativo de los cuatro rumbos y el centro del universo).

Otro elemento es que se piensa que el relieve fue colocado hacia abajo, como usualmente se ubicaba este tipo de representaciones de Tlaltecuhtli, para visión exclusiva de los dioses.

"Las sorpresas no acaban. Día a día en casi ya 30 años van saliendo nuevos elementos, nuevas evidencias que enriquecen el conocimiento de México-Tenochtitlan y de su edificio principal que era el Templo Mayor", dijo el arqueólogo Matos.

En un principio, los especialistas creyeron que el monolito no superaba los dos metros de largo. Pero ahora calculan que mide cuatro metros, pesa unas 12 toneladas y tiene un grosor de 35 centímetros.

La plancha de piedra del siglo XVI, labrada con un relieve de aproximadamente 15 centímetros de espesor, sella una excavación de metro y medio de profundidad en la que se espera hallar ofrendas y hasta cámaras.

El monolito data de la etapa siete del Templo Mayor -el principal centro ceremonial azteca- y la última antes de la conquista de los españoles en 1521.

"Esta piedra nos va a hablar mucho de estos ritos, estas ceremonias frente al Templo Mayor", dijo el arqueólogo Álvaro Barrera, supervisor de los trabajos.

octubre 15, 2006

Mural de Tlatelolco aporta datos sobre el México del Siglo XVI


La Caja de Agua de Tlatelolco, construida en el siglo XVI para abastecer del vital liquido a los indígenas del lugar, contiene en su interior las que podrían ser los primeros murales de la época colonial, pinturas que narran la vida de los lugareños, informó la víspera el arqueólogo Salvador Guillen.
Al presentar en una conferencia los avances del "Proyecto Tlatelolco 1987-2006, Rescate de la Caja de Agua del Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco", precisó que se trata de actividades incluso en los primeros años de la Colonia.
Señaló que a partir del trabajo de 62 años de investigación en la Zona Arqueológica de Tlatelolco, el equipo de especialistas "dedujo que la Caja se construyó con la intención de darle de beber a los indios y distribuirla en la plaza, cuidando un discurso gráfico plasmado en su interior en que viera reflejada la vida cotidiana indígena".
En el Museo del Templo Mayor, expuso que la Caja mide cuatro por cuatro metros, hecha de tabique, piedra y ladrillo, y en su interior se pueden observar dibujos que retratan la vida indígena de la época, como unos pescadores sobre una canoa con redes para cazar patos.
"La paleta de colores es netamente indígena, se resaltan el rojo y azul maya. Con un mecate ubicaron en la pintura lo que era la vida acuática y la terrestre, así como la imposición de un rostro europeo, ya que rellenan de color pies, ropa y manos, pero el rostro no", dijo.
Salvador Guillien dijo que, con el apoyo de José Arroyo, se trata de estudiar cada uno de los murales, "la técnica es avanzada, hemos decifrado que los pintores eran derechos, pero entre los que rellenaban de color existía un zurdo".
En el marco del V Ciclo de Conferencias “Tenochtitlan-Tlatelolco en voz de sus investigadores”, el jefe de la Zona Arqueológica dejó en claro que no sabe con exactitud la fecha de construcción de la Caja de Agua, lo único que se conoce es que, por la cerámica encontrada en su interior, data del siglo XVI y que sobre ella fue erigido un convento por Fray Juan de Dios Rivera, en la misma centuria.
Comentó que encontró que la Caja sufría alteraciones debido a que se halló un parche de concreto que al retirarlo descubrieron huesos de animal, por lo que dedujeron que hubo un trato con los frailes y que antes de clausurarla se llevó a cabo una "ceremonia de finiquito".
Fue después que encontraron el acueducto que dotaba de agua a la construcción, el cual pasaba de un lado a otro, y "al continuar excavando se hallaron un plato de cerámica y una olla globular de uno por uno metros, rotos".
Indicó que "al unir algunas piezas del plato se descifró la palabra INRI y la figura del espíritu santo, lo cual confirma que se trató de un finiquito ceremonial".
El arqueólogo comentó que para descifrar cada hallazgo el equipo de trabajo ha recuperado mil 200 fotos de arqueólogos que trabajaron en Tlatelolco.
Subrayó que para los interesados de dicho hallazgo se trabaja en un video tridimensional, con duración de no más de cuatro minutos, con la intención de recrear el proceso de trabajo.
Por el momento, puntualizó, solo pueden tener acceso a la excavación alumnos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en pequeños grupos de máximo 13 personas.
Se espera, concluyó, que en un año el público en general tenga acceso a los que al parecer son los primeros murales hechos durante la Colonia, pero por el momento es imposible, ya que con el calor que generan las personas se puede deteriorar la pintura.

octubre 11, 2006

Cumple el Museo del Templo Mayor fructíferos 19 años


Al igual que en años anteriores el recinto cultural organiza y realiza diversas actividades conmemorativas, sobre todo de tipo académico y cultural.

El Museo del Templo Mayor celebra este jueves su XIX aniversario, que coincide con dos hechos sobresalientes, el descubrimiento de un monolito de dimensiones inéditas y la afluencia de visitantes más alta de los últimos años, de ocho mil 545 personas que estuvieron allí el domingo 8 de octubre.

Especialistas del Programa de Arqueología Urbana, a cargo del arqueólogo José Álvaro Barrera, descubrieron el día 2 del presente mes un monolito, en el marco del Proyecto Templo Mayor.

La parte visible de uno de sus costados mide 3.57 metros de longitud y entre 36 y 38 centímetros de grosor. Está considerado como el descubrimiento arqueológico monumental más importante de toda su historia.

Para dar a conocer las generalidades de esta escultura monumental y muy probablemente sus dimensiones exactas, este jueves se invitó a los medios de comunicación que han difundido esta revelación arqueológica.

Así como la del altar prehispánico contemporáneo de la IV Etapa Constructiva del Templo Mayor (1440-1469), dedicado a Tláloc, dios de la lluvia. Ambos descubrimientos ocurrieron en el predio de Las Ajaracas.

Dentro de las acciones de atención al público visitante, el Museo del Templo Mayor registró el pasado domingo una de las afluencias más altas de su historia.

Para la configuración de esta multitud convergieron diversas circunstancias: la entrada gratuita para todo público; el descubrimiento arqueológico, y el reciente inicio del ciclo escolar 2006-2007.

Las actividades conmemorativas del Museo iniciaron el 23 de septiembre pasado, con el V Ciclo de Conferencias “Templo Mayor y Tlatelolco en voz de sus investigadores”, cuya prioridad es presentar los resultados de las investigaciones arqueológicas más recientes del Proyecto Templo Mayor y de otros sitios arqueológicos.

También se organizaron tres ponencias magistrales, los días 10, 11 y 12 de octubre, con temas como La vestimenta ceremonial de Oxtankah, Quintana Roo; Los sistemas de explotación y producción de instrumentos en la Sierra de las Navajas por las antiguas ciudades de Teotihuacan, Tula, Tenochtitlan y el Periodo Colonial.

Asimismo figura Otra vez la piedra del sol, cosmología imperial de los aztecas, las cuales se realizan en coordinación con la Dirección de Estudios Arqueológicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La celebración del aniversario número 19 también incluye el montaje y exhibición de la exposición temporal Entre ríos y montañas sagradas. Arqueología en El Cajón, Nayarit.

Además, para los domingos de octubre se han organizado dos actividades culturales: El viaje de las ideas, leyenda teatral acompañada de un acto lúdico y basado en la Tira de la peregrinación, a cargo de Carlos Pardavé.

La otra actividad es la obra de teatro Miquiztli, muerte de lo efímero, en la que se resalta el pensamiento de nuestros abuelos sobre la muerte, con cantos entre flores y hermanos que esperan para acompañar a la región del “Mictlán”. Aquí, los títeres se transforman en símbolos para recorrer la historia de México, desde los dioses prehispánicos y los gobernantes poetas, hasta la Conquista.

Esta es la forma en que el Museo del Templo Mayor celebra 19 años de existencia, prosiguiendo con sus prioridades de exhibición, investigación, trabajo arqueológico y diversión, a fin de cumplir con las misiones encomendadas por el INAH a éste y otros recintos culturales.

Al igual que en todos los años anteriores, en septiembre y octubre, el recinto cultural organiza y lleva a cabo diversas actividades conmemorativas, sobre todo de tipo académico y cultural, que constituyen dos de sus principales misiones ante los visitantes nacionales y extranjeros y el público en general.

octubre 05, 2006

Descubren monolito gigante y altar a Tláloc



Un monolito gigante y un nuevo santuario realizados por los antiguos aztecas fueron descubiertos en la zona arqueológica del Templo Mayor, durante la Sexta etapa de excavaciones realizadas en su centro ceremonial, que específicamente se inscriben en el rescate del Conjunto las Ajaracas, donde se ubicará el Centro de Arte de los pueblos indígenas.
La importancia de estos hallazgos radica en su rareza, además de que podrían constituirse en los más importantes descubrimientos en la zona desde el rescate de la diosa azteca Coyolxauhqui, hace 28 años, y en el marco de los trabajos que realiza el Fideicomiso del Centro Histórico en coordinación con el Instituto de Antropología e Historia (INAH) y el Programa de Arqueología Urbana (PAU).
Los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) precisaron que fueron hallados un monolito de grandes dimensiones y un altar que tiene empotrados en su base dos frisos, cuyas figuras representan al dios Tláloc y a una deidad relacionada con la agricultura.
Los dos altorrelieves aún muestran restos de su pintura original de color azul-verde y roja. Cada una de ellos mide 50 centímetros por 35 centímetros.
Sobre el monolito que podría ser más grande que el de Coyolxauhqui, "creemos que es una pieza importante; es una pieza que tiene aproximadamente 3.45 metros de largo por 2.50 de ancho, y aproximadamente unos 35 centímetros de espesor", detalló inicialmente, el lunes, el restaurador y director general del INAH, Luciano Cedillo Álvarez, a Formato 21.
Fue encontrado horizontal, pero que todavía no pueden asegurar que esa era su posición original porque todavía no han establecido qué papel cumplía para los mexicas.
Abundó que en breve se realizarán los trabajos de liberación para identificar las características del monolito, el cual fue descubierto en el momento en que se construía un muro de contención, a las 10:45 del pasado lunes, en el predio de La Casa de Las Ajaracas, el cual data de la época de La Conquista, ubicado al frente a la zona arqueológica del Templo Mayor y a espaldas de la Catedral Metropolitana.
“Probablemente cubra alguna ofrenda, porque se puede ver hacia que hacia abajo esta desplomado parte del terreno y la pieza también está fracturada. En la medida en que avancemos se definirá con mayor precisión el relieve y la iconografía para profundizar en sus alcances y aportaciones en el conocimiento del Templo Mayor.
La piedra cuadrangular tallada sobre roca color rosa, adelantaron los arqueólogos, será liberada totalmente en un par de días para ''darnos cuenta de las dimensiones'' y en cerca de tres meses se tendrán algunas interpretaciones.
Juan Alberto Román, director del Museo del Templo Mayor, descartó a su vez que el monolito sea una Coyolxauhqui aunque admitió que el tamaño de la piedra podría ser más grande y pesada que la de la diosa lunar hallada dentro del centro ceremonial.
"No sabemos qué deidad puede estar representada en el relieve; se han aventurado unas hipótesis. Para unos arqueólogos podría tratarse de otra Coyolxauhqui, pero ésta casi siempre se representa de forma circular. Pero esta piedra podría ser cuadrada o rectangular y sería una forma escultural distinta de representar a la deidad".
El 27 de febrero de 1978, un grupo de arqueólogos del INAH rescataron una piedra de más de tres metros de diámetro, localizada días antes por obreros de la Compañía de Luz. Al verse completa la pieza, el arqueólogo Felipe Solís la identificó como la Coyolxhauqui, la diosa de la Luna.
Con ese hallazgo se iniciaron las excavaciones formales en el Templo Mayor de Tenochtitlán, lo que hoy constituye uno de los proyectos de arqueología urbana más importantes de México.
El supervisor del Programa de Arqueología Urbana, José Álvaro Barrera puntualizó que la parte superior de la piedra está labrada y la parte posterior tiene una oquedad que se presume era utilizada para colocar ofrendas.
Hasta el momento sólo se puede apreciar el perfil de ese trabajo escultórico, el cual correspondería a la VII etapa constructiva (1502-1521), cuando gobernaba Moctezuma II".
''Tras las posteriores excavaciones e investigaciones -prosiguió Román- podremos determinar una estrategia para recuperar el monolito, sacarlo, consolidarlo, limpiarlo y si tiene pigmentos también necesitan consolidación y después establecer una estrategia de recuperación de la pieza."
Pese a que no ha sido hallada fuera del centro ceremonial alguna representación de la deidad lunar, dijo que ''la liberación de la piedra cuadrangular revelará si podría ser una forma escultórica de representación distinta de la de Coyolxauhqui, que pesa ocho toneladas y este nuevo monolito es un poco más grueso y quizá hablaremos de que tenga un peso similar o un poco mayor".
La piedra cuadrangular estaría a la vista del público en 2007, a propósito del vigésimo aniversario del Museo del Templo Mayor que se cumple el 12 de octubre.

APOYO ECONÓMICO Y LOGÍSTICO. Al lugar del descubrimiento acudió el martes el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Alejandro Encinas, para brindar al director del INAH, Luciano Cedillo, todo su apoyo tanto económico como logístico en los trabajos y en la construcción de tres ventanas arqueológicas de accesos al público: dos en la calle de Argentina y una más en la de Moneda.
Durante un recorrido, el supervisor del PAU José Alfaro Barrera Rivera explicó que el monolito estaba cubierto por varias capas de tierra y que está fracturado.
Adelantó que utilizarán un georradar para tratar de identificar la ubicación de otro monolito conocido como la "Piedra Pintada", que cuenta con dibujos y descripción de la cultura mexica, y podría estar en la misma zona.
Encinas Rodríguez señaló que lo más importante de un hallazgo de ese tipo es preservar el patrimonio cultural, y consideró que no se requieren de mayores recursos para el rescate de la piedra.
A su vez, el director del INAH comentó que en México se localizan más de 38 mil sitios arqueológicos descubiertos, por lo que se cuenta con una riqueza patrimonial extraordinaria.
Luciano Cedillo recordó que el año pasado encontraron un monolito similar en San Luis Potosí.
El predio de Las Ajaracas está ubicado en las calles de Guatemala número 34 y Argentina 8, en el Centro Histórico, y fue donado por el gobierno capitalino al federal para crear el Centro de las Artes de los Pueblos Indígenas y una plaza pública.
La finalidad es rescatar el acervo cultural de más de medio en el que figuraron mexicanos notables como Alfonso Caso, Juan Rulfo y Fernando Benítez, entre otros.

ALTAR ÚNICO EN SU TIPO. En la misma pared, donde se encuentra el recién hallado monolito, también fue descubierto a unos metros bajo el piso de la calle de Guatemala un altar, ''único en su tipo", con tres diferentes etapas constructivas que datan de entre 1440 y 1479 de nuestra era.
Presenta características especiales no encontradas hasta el momento en la zona arqueológica, al decir del arqueólogo José Alvaro Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana (PAU) adscrito al Museo del Templo Mayor.
"Lo interesante de éste es que tiene adosados dos frisos. Uno de ellos representa a Tláloc y el otro a un personaje que alude al rito agrícola” debido a que en sus manos porta utensilios para la siembra.
Viene a ser la primera estructura mexica con este tipo de esculturas empotradas en el muro que se localiza en todo lo que fuera el centro ceremonial de México-Tenochtitlan, afirmó.
La figura relacionada con la agricultura mide 30 por 37 centímetros y la que hace referencia a Tláloc tiene 32 por 34 centímetros.
El rescate arqueológico, señaló, ''se inscribe en las labores que se realizan desde 2000 para el acondicionamiento del lugar''. Precisó que cuando era retirada parte del piso de la VI etapa del Templo Mayor, debajo de éste se localizó una plataforma “que delimitamos por una de sus partes, pero notamos que en el centro estaba rota y decidimos excavar hacia abajo encontrando la fase V''. Se trata de una abertura hecha en la época prehispánica", abundó.
Fue entonces cuando "localizamos la etapa constructiva anterior, la IV (1440-1469), que data del gobierno de Moctezuma I, y en ella el altar que está a la vista", continuó.
''Al detectar un muro prehispánico se llegó a la esquina y con ello conocer la dimensión de la fachada principal del edificio y en la que se observan escalinatas de acceso", explicaron los arqueólogos Alberto Diez Barroso y Gabino López Arenas, quienes dijeron que se colocarán ventanas arqueológicas (en Argentina y Moneda) para observar esta arquitectura de origen mexica.
Las figuras están elaboradas en tezontle y se encuentran frente al templo de Tláloc, casi al centro y frente al centro ceremonial. "Es el primero que localizamos con estas características y tiene muy buena calidad, son esculturas que muy bien representadas con todos sus atributos bien tallados".
Fuera de esta fue depositado un altar con una ofrenda “que sería la V etapa” con 240 piezas de caracolas y conchas de mar y restos de copal.
A unos cuantos metros de los dos hallazgos se encuentra una "caja de ofrendas" descubierta en el año 2000, donde los arqueólogos encontraron en buen estado de conservación telas, plumas y pieles de animales, como el jaguar.
Barrera explicó que aún falta excavar en los costados norte y sur para determinar detalles de los reciente hallazgos.
También durante las calas de exploración que se realizan en la calle de Argentina fueron hallados hace alrededor de dos meses un muro que pertenece a la VII etapa constructiva que sale de la fachada norte del Templo Mayor y la esquina de lo que fue el templo de los Guerreros Águila.
A diferencia de las ruinas del Templo Mayor, estas obras arqueológicas no están abiertas al público, debido a que forman parte de un programa de rescate del amplio centro ceremonial de los mexicas.

octubre 02, 2006

Justicia, piden tlatelolcas a 38 años de la masacre


El edificio Chihuahua de la unidad habitacional Tlatelolco amaneció este 2 de octubre con mantas para exigir justicia por los hechos ocurridos hace 38 años, y señalar que la matanza ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas fueron "crímenes del lesa humanidad".

En el mismo lugar en donde en ese día se apostaron los francotiradores que dispararon contra los estudiantes que se habían reunido en la plaza, ahora lucían mantas con los reclamos.

Además, en ese mismo inmueble se observaban varias fotografías de los jóvenes que fueron desaparecidos a lo largo de ese movimiento estudiantil, así como una enorme cruz de madera.

En la Plaza de las Tres Culturas se realizó una ceremonia conmemorativa por parte de las autoridades locales, que depositaron una ofrenda floral. Mientras la bandera ondeaba a media asta, en señal de duelo fue interpretado el toque de silencio por las víctimas de aquel 2 de octubre de 1968.

AÑO DE AGITACIÓN SOCIAL. 1968 fue un año de gran agitación social y de movimientos de protesta estudiantiles en muchos países. México no fue la excepción.

Durante meses, las calles de la capital mexicana fueron el escenario de la tensión entre estudiantes y el aparato gubernamental.

El gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz advertía que no tendría contemplaciones para con los que calificaba de "agitadores".

El 2 dos de octubre, la Plaza de las Tres Culturas, rodeada de los modernos edificios de apartamentos y flanqueada a uno de sus costados por la antigua y hermosa iglesia de Santiago, se fue llenando poco a poco de estudiantes de todas las universidades del país.

Fueron llegando agrupados de acuerdo a la facultad o la escuela a la que pertenecían. Cantaban, bailaban, sostenían sendas pancartas, gritaban consignas y ondeaban con orgullo el tricolor mexicano.

El ambiente era de fiesta, de protesta pacífica.Mirto Cleya Gallardo, que para ese entonces tenía veinte y tantos años, fue la maestra de ceremonias de este acto que, sin ella saberlo en ese momento, pasaría a la historia como uno de los ejemplos más brutales de la represión policial en este país.

Ella coreaba las consignas que luego los estudiantes repetían: "No estamos todos, faltan los presos", "queremos escuela, no balas", "gobierno represor que matas estudiantes", y "queremos democracia", entre otras.

El sobrevuelo sobre la plaza de dos helicópteros de la policía fue el presagio de lo que vendría después. En un abrir y cerrar de ojos el lugar se llenó de efectivos policiales y militares que comenzaron a disparar indiscriminadamente contra la multitud de jóvenes.

Éstos corrían de un lugar a otro tratando de escapar. Cientos de estudiantes fueron acorralados, sometidos y asesinados allí mismo en la plaza, otros fueron perseguidos y aprehendidos en las horas de terror que siguieron a la matanza.

Los días posteriores, la prensa publicó titulares a ocho columnas con la explicación del gobierno a lo que había sucedido en Tlatelolco. "El gobierno actuó apegado a la Constitución", decía uno de los encabezados.

Con lágrimas en los ojos. Para los sobrevivientes de la masacre de Taletololco, hoy es como ayer, cuando se trata de recordar los sucesos del dos de octubre de 1968.

Laura Oseguera: “Es duro porque uno recuerda a los amigos que se quedaron ahí tirados en el suelo, nunca pudimos recuperar sus cuerpos.

Laura, que entonces tenía 22 años y ahora 64, sobrevivió a la matanza porque llegó tarde al acto y no pudo entrar al centro de la plaza, por la cantidad de gente que había.

"La gente empezó a correr, yo también corrí. Un muchacho que yo no supe ni quién era me agarró y me llevó a escondernos a uno de los edificios que rodean la plaza. Allí estuvimos cerca de tres horas, hasta que pudimos salir por la parte de atrás al otro extremo de la plaza. Había muchos policías y soldados por todas partes", relató a la BBC Mundo.

A Laura, que estudiaba el segundo año de filosofía, se le salen las lágrimas cuando recuerda a sus compañeros muertos en Tlatelolco.

Para Fausto Trejo, de 84 años, un maestro retirado que en el momento de la matanza tenía 41 años, el recuerdo de Tlatelolco está muy vivo en su memoria.

“Esto no deja de ser un recuerdo que tiene todo el significado y una continuación de lucha. Nosotros llevamos muy dentro lo que fue esta lucha, sobretodo por toda la sangre que se derramó", dijo Trejo a BBC Mundo.

Muchas preguntas. Después de 38 años de ocurrida la masacre de Tlatelolco, aún quedan muchas preguntas sin respuesta.

Nadie ha podido decir con precisión por ejemplo, cuántos fueron los muertos, cómo se llamaban, ni qué pasó con sus cuerpos sin vida.

Después de ocho meses de investigación y de hurgar en los registros de varias fuentes gubernamentales, la revista Proceso publicó en su reciente edición una lista con nombres y apellidos de 34 hombres y mujeres que habrían muerto en Tlatelolco.

La lista, que incluye además a diez personas que están clasificadas como "desaparecidas", no es exhaustiva y se cree que el número de víctimas fatales debe haber sido muy superior.

Cuando se trata de la investigación para determinar responsabilidades penales, el panorama no es mucho más alentador.

Hace seis años, al asumir la presidencia, Vicente Fox prometió que los sucesos de Tlatelolco quedarían totalmente esclarecidos, y para ello nombró una comisión especial que investigaría lo ocurrido. La idea era, como lo dijo Fox en su momento, "llegar hasta las últimas consecuencias".

En diciembre de 2005, el equipo de dicha fiscalía especial completó su informe y lo entregó al presidente de la comisión, Ignacio Carrillo Prieto.

Éste no lo hizo llegar a la presidencia, como era su deber, y lo que ocurrió en los días posteriores, fue que un borrador del informe llegó a manos de un grupo de activistas de derechos humanos y luego a la prensa.

El documento era contundentemente revelador. Allí se concluía que oficiales del Ejército mexicano habían secuestrado, torturado y asesinado a cientos de sospechosos de "actividades subversivas" entre 1962 y 1982, el período de la llamada "guerra sucia".

Los autores del informe en cuestión decían en el mismo que "la actitud autoritaria con la cual el Estado mexicano deseaba controlar a la oposición, creó una espiral de violencia que (...) llevó a que se cometieran crímenes contra la humanidad, incluido el genocidio".

Pero ninguna de las conclusiones del informe de la fiscalía especial se ha traducido en nada concreto. Ni uno sólo de los señalados como responsables de estos trágicos sucesos y de muchos otros durante la "guerra sucia", han pagado penas de cárcel.

Echeverría, preso. En junio pasado, al calor de la campaña electoral presidencial y cuándo apenas faltaban dos días para la elección general, un juez emitió una orden de aprehensión contra el ex presidente Luis Echeverría, quien era Secretario de Gobernación al momento de ocurrir la masacre de Tlatelolco.

El juez lo acusaba, entre otras cosas, de genocidio.

Por su avanzada edad, 84 años, Echeverría cumplió arresto domiciliario, pero sólo fue por unos días. Otro juez federal lo exoneró de los delitos que se le imputaron, y quedó en libertad.

El ex mandatario ha negado haber tenido alguna responsabilidad en los eventos del 2 de octubre de 1968.

En este 38 aniversario de los trágicos acontecimientos, las autoridades tuvieron que resguardar la casa del ex presidente. Elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal vigilaron el domicilio ubicado en la colonia San Jerónimo Lídice, como parte del operativo policiaco.

La SSPDF desplegó tres mil de sus elementos por diferentes rumbos de la ciudad como el Casco de Santo Tomás, las inmediaciones de la Escuela Normal de Maestros, la Plaza de las Tres Culturas, la Ciudadela y el Zócalo capitalino, para vigilar las movilizaciones efectuadas por la tarde.

Por decisión personal, el magistrado federal Ricardo Paredes Calderón deberá estudiar el fondo de la acusación por genocidio contra Echeverría Alvarez, a quien la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) responsabiliza de ser el principal artífice del presunto genocidio ocurrido en Tlatelolco, pese a que está en posibilidades legales de no hacerlo y sólo quedarse en el tema de la prescripción.

El expediente del caso, que llegó en vía de apelación al segundo tribunal unitario en materia penal del Distrito Federal, incluye un candado jurídico del que se podría valer Paredes Calderón, titular de ese órgano jurisdiccional, para no estudiar el fondo del asunto.

La petición del fiscal de la Procuraduría General de la República (PGR) Ignacio Carrillo Prieto al magistrado unitario es que se revoque el auto de libertad que el juez federal Ranulfo Castillo Mendoza concedió a Echeverría el pasado 8 de julio, luego de considerar que el presunto genocidio prescribió el 10 de noviembre de 2005, lo que impide que el ex presidente sea juzgado.

El Ministerio Público Federal asegura en su escrito de agravios que el juez Ranulfo Castillo se equivocó al realizar el cómputo aritmético de la prescripción, ya que supuestamente el delito imputado a Echeverría prescribiría en noviembre próximo.

De esta forma, el magistrado Paredes Calderón cuenta con la posibilidad jurídica, respaldada por el Código Federal de Procedimientos Penales, de no estudiar el planteamiento de fondo de la Femospp: que los hechos que llegaron a su 38 aniversario fueron un acto genocida encaminado al exterminio total o parcial de un grupo nacional de estudiantes.

Fuentes judiciales revelaron que la decisión del juzgador fue analizar el contenido total de la investigación del fiscal Carrillo Prieto, para que pueda estar plenamente informado del caso.

Es decir, que además del tema de la prescripción valorará las constancias de autos para revisar si a su juicio la matanza en Tlatelolco pudo constituir un acto genocida. Esto provocará que el caso tarde al menos un par de meses en resolverse.

Sin embargo, el hecho de que analice a título personal el fondo del asunto no significa que el tema de la prescripción ya haya sido superado, puesto que en su resolución el magistrado primero tiene que pronunciarse en términos de la supuesta caducidad legal del delito de genocidio; y sólo si considera que no ha prescrito analizará jurídicamente características del cuerpo del delito y la probable responsabilidad del ex presidente.

La determinación del magistrado de conocer el fondo de la acusación obedecería al interés que el juzgador tiene por el caso, aunque eso no impediría que al momento de emitir su resolución optara por la confirmación de que el supuesto genocidio prescribió el 10 de noviembre de 2005.

Para la defensa de Echeverría, el presunto delito de genocidio prescribió el 10 de noviembre de 2005. Su argumento ya recibió el aval de un juez federal. Ahora el magistrado Ricardo Paredes Calderón deberá resolver en definitiva este punto.

Para el juez Castillo fue fundamental una copia certificada de la renuncia a la Secretaría de Gobernación que el 10 de noviembre de 1969 entregó Echeverría al entonces titular del Ejecutivo federal, para asumir la candidatura a la Presidencia.

Si bien la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó en 2004 -al revisar el asunto de la matanza del 10 de junio de 1971- que en el caso de Echeverría los plazos de prescripción respecto del delito de genocidio debían correr a partir de que terminó su periodo en la presidencia, en noviembre de 1976, los defensores del inculpado alegaron ante el juez que entre la renuncia de su defendido a Gobernación (el 10 de noviembre de 1969) y el día previo al que asumió la titularidad del Ejecutivo federal (30 de noviembre de 1970) hubo un periodo de un año y 20 días.

De esta forma, del 10 de noviembre de 1969 al 30 de noviembre de 1970, cuando dejó el servicio público, la prescripción corrió, por lo que, al tiempo normal de la prescripción (30 años) del delito de genocidio, el juez restó un año y 20 días, y después sumó los siete años, un mes y nueve días en que Echeverría se desempeñó como secretario de Gobernación y presidente. De acuerdo con esa operación, el 10 de noviembre de 2005 ocurrió la prescripción.