abril 18, 2007

Publican investigación sobre La Casa de las Águilas






Era el lugar de nacimiento, formación y muerte de los tlatoques o soberanos mexicas.

Luego de años de excavaciones e investigaciones en La Casa de las Águilas, edificio perteneciente al centro ceremonial del Templo Mayor, el arqueólogo Leonardo López Luján reunió en dos libros la historia, arquitectura, descubrimientos y sentido religioso del inmueble construido en la antigua Tenochtitlan: La Casa de Las Águilas I y II. Un ejemplo de la arquitectura religiosa de Tenochtitlan.

La obra ofrece un análisis pormenorizado del segundo edificio prehispánico de mayor importancia después del Templo Mayor. La Casa de las Águilas era el espacio religioso fundamental en la vida del centro ceremonial. Ahí comenzaba y terminaba el reinado de los soberanos mexicas, pues era el lugar en el que los gobernantes mexicas se preparaban para la toma del poder y donde eran velados al morir.
“El edificio era muy importante dentro de la vida de los reyes aztecas, pues se utilizaba para el al que enmarcaban el reinado del máximo gobernante de esta sociedad”. Cuando un rey fallecía su cadáver era velado en la Casa de las Águilas durante cuatro días y cuatro noches, antes de ser trasladado al pie del Templo Mayor para ser cremado.
De igual forma, el rey que había sido electo pero no había sido coronado aún, hacía también durante cuatro días y cuatro noches una penitencia que lo preparaba para la ceremonia de sucesión en el trono.
La publicación comprende un extenso estudio en el que se confrontan los datos arqueológicos e históricos y las características técnicas y espaciales de esta construcción que se estima comenzó a edificarse durante el gobierno de Itzcóatl o Motecuhzoma Ilhuicamina, en la primera mitad del siglo XV.
Coeditados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de Harvard, el par de volúmenes da cuenta de la información recuperada durante las cinco temporadas de exploración (de 1980 a 1997) encabezadas por el propio López Luján. La Casa de las Águilas ubicada al norte del Templo Mayor —en las calles de República de Argentina y Justo Sierra del centro de la Ciudad de México—, permaneció sepultada por más de cuatro siglos y medio, hasta su hallazgo en septiembre de 1980 como parte de los trabajos de excavación del Proyecto Templo Mayor.
Al también denominado Edificio E, se le adjudicó el nombre de “Recinto de Los Caballeros Águila” o “Casa de Las Águilas” en 1982, cuando se descubrieron dos esculturas de personajes ataviados con trajes de águila, así como la presencia de representaciones de cabezas de esta ave en la fachada principal, refiere el especialista galardonado con el Premio Investigación en Ciencias Sociales de la Academia Mexicana de Ciencias.
Tras un exhaustivo análisis de fuentes escritas y pictografías del siglo XVI que hacen referencia a un sitio sagrado llamado Tlacochcalco o Tlacateco, el cual se describe con características similares a las que tiene La Casa de Las Águilas, López Luján señala: “este era el lugar donde el tlatoani hacía penitencia durante cuatro días previos a su coronación y donde eran velados por un periodo idéntico el monarca y los militares de mayor jerarquía cuando morían”, establece el investigador del INAH.
El tomo I ofrece un amplio acercamiento de esta estructura prehispánica, a través del estudio de evidencias arqueológicas, históricas, bioantropológicas, faunísticas, geológicas y químicas. También aborda los aspectos como las formas, técnicas y materiales constructivos, la cronología de sus etapas, estilos artísticos y materiales como entierros, ofrendas, pintura mural y esculturas.
En este volumen, López Luján destaca que tras el hallazgo, las investigaciones se orientaron a investigar a profundidad esta construcción del recinto ceremonial para poder acercarse a su función y simbolismo religioso, fundamentalmente por la insuficiencia de conocimientos que se tenían sobre la arquitectura sacra mexica.
La Casa de Las Águilas era de una de las vetas de información más prometedoras. Todo indicaba que había tenido un papel central en la vida religiosa de Tenochtitlan, toda vez que después del Templo Mayor era el edificio más grande encontrado en el complejo sagrado”, detalla.
Derivado del estudio arquitectónico, en este libro el arqueólogo precisa que dada la orientación de dicho edificio, se puede aseverar que se trata de una réplica en miniatura del universo, una imago mundi. Su ala norte simbolizaría el Mictlán y la del este, el punto de inicio del Tonátiuh Ilhuícac.
El tomo II comprende un catálogo de apéndices sobre cada una de las ofrendas halladas y su composición; tablas, mapas, planos, dibujos esquemáticos, reconstrucciones hipotéticas, fotografías y glosario de palabras en náhuatl.
El primer tomo incluye la investigación del arqueólogo y el segundo contiene un catálogo de apéndices, tablas, láminas, planos, fotografías y unas 500 ilustraciones a página completa.
Los capítulos de la obra están divididos de la siguiente forma: La arquitectura religiosa mexica y las excavaciones en el Centro Histórico, Los trabajos arqueológicos en La Casa de las Águilas, La historia constructiva de La Casa de las Águilas, y Los materiales, las técnicas constructivas y los espacios arquitectónicos.
Además, La escultura mayor y la pintura mural; Los artefactos y los ecofactos; Las ofrendas y la sepultura, y Las funciones y el simbolismo del edificio.
Los hallazgos en la estructura prehispánica, precisa López Luján, fueron descubiertos en "excelente estado de conservación, debido a que los mexicas lo cubrieron con muy finas arcillas, de manera que todo quedó protegido, tanto banquetas, pinturas murales, esculturas, ofrendas y depósitos rituales".
Para edificar La Casa de las Águilas, los mexicas evocaron la arquitectura tolteca: "viajaron a Teotihuacan y Tula para realizar sus propias excavaciones, porque suponían que (esas ciudades) eran construidas por dioses y tenían curiosidad de saber cómo eran y también recuperaron los objetos considerados mágicos que han sido descubiertos en el Templo Mayor".
Otro aspecto importante es que ahí se realizaban ceremonias muy importantes con los reyes, como el primer y último ritual de un soberano mexica.
"El bulto mortuorio permanecía aquí durante cuatro días antes de ser sacado a la pira para su cremación. En ese lugar se llevaba a cabo el duelo por la muerte de un soberano, e inmediatamente se elegía a su sucesor. El rey electo no investido, no coronado, iba a este edificio para hacer penitencia, autosacrificio, alusiones y purificaciones para convertirse en el nuevo monarca."

dedicados a especialistas y a gente interesada. Con la remodelación que se hará a la calle de Justo Sierra, en el Centro Histórico de la capital mexicana, los arqueólogos mexicanos podrán extender su conocimiento sobre la Casa de las Águilas.
López Luján expuso después de la presentación del tomo, que este año especialistas del Programa de Arqueología Urbana (PAU) excavarán una parte de esa calle, donde continúa enterrada por lo menos la mitad de la estructura prehispánica.
Explicó que “siempre se abren muchas líneas de investigación, este año seguiremos trabajando en la Casa de las Águilas y es posible que colegas del PAU excaven una parte, porque ahora se empezará a remodelar la calle de Justo Sierra”. A ellos, dijo, “les tocará complementar los datos de este edificio”.
“A nivel de ceremonias —anotó— este espacio es fundamental y hay todo tipo de evidencias sobre estas ceremonias como las pinturas, las banquetas o restos de las mismas actividades, como restos de sangre que fueron absorbidos por los poros de los pisos de estuco y que detectamos por medios químicos”.
El trabajo es un estudio pormenorizado del edificio prehispánico a través de sus características formales, técnicas, cronológicas, espaciales y estilísticas.
La obra, explicó el arqueólogo que actualmente coordina el Proyecto Templo Mayor, “suma conocimientos sobre la antigua ciudad de Tenochtitlan y es un último eslabón, que después ya no será el último, de investigaciones que empezaron en 1790 con el hallazgo de la Coatlicue y de la Piedra del Sol”.
Anotó que su labor “es centrarse en el segundo edificio más importante que haya sido excavado dentro de la ciudad y trato de estudiar todos los aspectos, pero sobre todo, tratar de descubrir su función y para qué se usaba”.
Hasta el momento, abundó López Luján, “trabajamos sólo la mitad de este edificio, la otra está bajo edificios como la Librería Porrúa (ubicada en la esquina de Justo Sierra y Argentina), tal vez para las generaciones del futuro les toque conocer lo que falta del edificio y tal vez cambien mucho de las ideas de este libro”.
En el tomo, el especialista examina los materiales arqueológicos exhumados que se han encontrado en el lugar y hace una revisión del problema de las funciones y el significado religioso del edificio, para lo que se combinan evidencias como el contexto urbano, la composición química de los pisos o la estructura de los espacios.
El libro fue presentado el martes en el Museo Nacional de Antropología por los investigadores Eduardo Matos Moctezuma, Juan Alberto Román, Gabriela Uruñuela y Xavier Noguez.
El edificio prehispánico sólo ha sido excavado en 50 por ciento ­entre 1980 y 1997, por el Proyecto Templo Mayor­ y ha otorgado innumerables evidencias arqueológicas e históricas.
Las excavaciones y análisis respectivo, luego de explorar el edificio del siglo XV, han permitido a López Luján dilucidar "características formales, técnicas, cronológicas, espaciales y estilísticas" de esa cultura. También examina materiales arqueológicos exhumados y resalta sus aspectos biológicos, tecnológicos, económicos y simbólicos.
Y, sobre todo, explica el investigador del Templo Mayor y asesor del Programa de Arqueología Urbana, "se hace una revisión del problema de las funciones y el significado religioso del edificio y las entrelaza con aspectos de diversa índole, como el contexto urbano, la composición química de los pisos, la estructura de los espacios arquitectónicos, el estilo de relieves y pinturas murales.
"Es un proyecto muy largo que comenzó en 1991 y concluyó en 2003. Fue elaborado para mi tesis doctoral en la Universidad de París, pero continué trabajando en el tema y surgió la idea de estos volúmenes, que reúnen la información arrojada por el edificio que se encuentra debajo de la calle Justo Sierra y la Librería Porrúa", señala.
Los volúmenes, aclara, son de carácter científico, y están dedicados a especialistas y a gente interesada en el pasado prehispánico de México.

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