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febrero 22, 2007

Preparan colección de libros sobre ciudades prehispánicas


Con el tomo "Moctezuma, Tenochtitlan", escrito por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, se inicia la publicación de una colección de "pequeños tomos", preparada por el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México, sobre las ciudades prehispánicas mexicanas, su forma de vida y organización.

Matos Moctezuma informó que el primer libro de la serie, coordinada por la doctora en Historia Alicia Hernández, será presentado el próximo sábado 3 de marzo, en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

En este libro, escrito especialmente para la colección, dijo, "se da una idea de los antecedentes de Tenochtitlan, de la ciudad, de los elementos que vemos ahí de Teotihuacan o de culturas anteriores, cómo los toltecas y cómo los aztecas los incorporaron en su ciudad".

Además, precisó el especialista, "damos un relato sobre las principales ideas sobre la fundación acudiendo a fuentes históricas y arqueológicas para posteriormente dar una descripción del área sagrada, las habitaciones de los dioses y de los hombres".

La colección, explicó Matos, esta pensada para abarcar distintos estudios sobre las ciudades antiguas y continuará con la publicación de un tomo dedicado a la ciudad de Paquimé, escrito por la arqueóloga Beatriz Braniff.

"Esta es una colección bastante interesante dedicada a las ciudades prehispánicas, creo que es una muy buena idea porque pienso que será un trabajo muy útil sobre todo para maestros y alumnos, en fin para el público en general".

El pequeño "tomito" dedicado a Tenochtitlan, agregó, incluye además una explicación sobre los hogares aztecas, la organización social mexica y las principales festividades y dioses que dan un "panorama general de lo que era esa ciudad".

febrero 19, 2007

Próxima Apertura de dos ventanas arqueológicas


Fueron ideadas como una opción para conocer el pasado prehispánico y colonial de la Ciudad de México. Actualmente existen unas 38 en las inmediaciones de lo que fue el principal centro de la antigua Tenochtitlán.
Un par de nuevas ventanas arqueológicas que darán cuenta del pasado azteca de la Ciudad de México desde la calle de Argentina, en el Centro Histórico, aguardan la conclusión de los trabajos de restauración de los edificios coloniales allí localizados para poder ser abiertas al público en general.
Juan Alberto Román Berrelleza, director del Museo del Templo Mayor, explicó que dichas ventanas, concluidas en enero pasado, podrían ser mostradas al público en dos meses, cuando concluyan las obras que se realizan en los edificios de El Marqués del Apartado y de Argentina 8, donde se instalará la Fundación del Centro Histórico.
“En cuanto ellos (las autoridades de la ciudad) den luz verde, se podrá dar acceso al público, pero se trata de dos nuevas ventanas que se ubican en la calle de Argentina, que aún es andador peatonal y no están abiertas al público”, porque no aún no concluyen las obras, que esperan sean respetadas por los ambulantes.
La primera lumbrera, señaló Román, corresponde a la continuación del muro norte de la séptima etapa constructiva del Templo Mayor (1502-1521), en la que se observa empotrada una de las serpientes que decoraban los muros exteriores de lo que era la zona sagrada azteca y que penetra “prácticamente” en el edificio de Argentina número 8.
En el caso de la segunda ventana, añadió, se ve una “pequeña” alfarda y escalinata de lo que es el límite del edificio mexica adosado dentro del Templo Mayor a la Casa de las Aguilas, y donde inicia otro edificio que de acuerdo con la fuentes era de más de 70 metros de largo y que actualmente se introduce en lo que es el edificio del Marqués del Apartado.
Ideadas como una opción para conocer el pasado prehispánico y colonial de la ciudad, actualmente existen unas 38 ventanas arqueológicas en las inmediaciones de lo que fue el principal centro ceremonial de la antigua ciudad mexica de Tenochtitlán, hoy considerada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
Román indicó que las vidrieras, dispuestas a manera de recorrido, incluyen las que se encuentran en el Palacio Nacional en los patios marianos donde existen “por lo menos” tres, que permiten observar escalinatas con alfardas y basamentos prehispánicos, además de muros, cuartos y una serie de vestigios de edificios prehispánicos.
Más adelante, en el Patio de la Real Audiencia se encuentra también una ventana con restos coloniales, en los que se observan muros, drenajes y diferentes niveles de construcción, incluso bases de columnas que estuvieron unidas por arcos en la parte superior.
Siguiendo por el Palacio del ex Arzobispado se encuentran alrededor de cinco ventanas, en las que se ven los restos de escalinatas y alfardas del templo dedicado a Tezcatlipotla, de quien se sabe “portaba una especie de espejo de obsidiana en el pecho con el que observaba el comportamiento de los dioses”.
Ya en la calle de Moneda se encuentra la Casa de la Primera Imprenta en México, donde se conserva una ventana en la que hay algunos objetos que fueron encontrados ahí, entre esculturas y restos de edificaciones de lo que podría ser el Cuatepantli, que delimitaba el área sagrada de la parte profana del Templo Mayor.
De reciente apertura, en el Atrio de la Catedral Metropolitana hay cuatro nuevas ventanas “que son prácticamente las primeras que están en espacio abierto y no dentro de edificios”, y que son observadas por miles de visitantes que llegan al recinto religioso.
La primera de ellas contiene muros coloniales con una “bellísima” pintura roja y una cenefa con flores, en la segunda se observa más de un muro con pintura mural, mientras que en la tercera hay unas escalinatas de acceso a una pequeña capilla con azulejos del siglo XVII o XVIII y un peralte con peldaños.
En la cuarta lumbrera, agregó Román, los visitantes nacionales y extranjeros se entretienen conociendo un muro con pintura y diseños de “medio pañuelo” con colores rojo y blanco, que en algunos casos corresponde a lo que fue la antigua y primera catedral.
Poco conocida, más al exterior, se encuentra otra ventana localizada en el actual Museo de la Caricatura (en la calle de Donceles), donde se observa parte de un edificio de más de 76 metros de largo que inicia en la calle de Argentina y que de acuerdo con los historiadores fue por donde huyó Hernán Cortes durante la llamada Noche Triste.
Otro punto en el que se ubica este tipo de vitrinas realizadas con vidrio templado para sostener el peso de los visitantes, se localiza en el edificio de la Autonomía Universitaria de la calle de Licenciado Verdad y hasta el momento “no se tiene contemplado abrir” otras nuevas, destacó Román.
Sin embargo, cada una de las que ya existen son sometidas a constante monitoreo y mantenimiento a cargo del Museo del Templo Mayor, en colaboración con especialistas de la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural del Conaculta, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

febrero 15, 2007

Tlatelolco, Herramienta de la política exterior mexicana

Embajadores y titulares de organismos internacionales a favor del desarme nuclear, destacaron la necesidad de actuar en bloque para difundir, no sólo ante los gobiernos sino también entre la población, la importancia de las zonas libres de armas nucleares.

Patricia Espinosa Cantellano destacó la prioridad en reducir los efectos nocivos que provocan en el entorno, y en lo referente a la proscripción de las armas nucleares. Resaltó el mensaje del Tratado de Tlatelolco como aún vigente “ya que ha caído en tierra fértil”.

Diplomáticos de diferentes países de América Latina, reunidos el jueves en la Cancillería mexicana, llamaron a todas las naciones de la región a cerrar filas y trabajar en forma conjunta y solidaria para lograr el desarme nuclear mundial.

En sesión privada embajadores y titulares de organismos internacionales a favor del desarme nuclear destacaron la necesidad de actuar en bloque para difundir, no sólo ante los gobiernos sino también entre la ciudadanía, la importancia de las zonas libres de armas nucleares.

En la mesa tres del Seminario Académico en ocasión del 40 aniversario del Tratado de Tlatelolco, los ponentes expresaron que la mayoría de los habitantes del mundo están a favor del desarme nuclear, y sólo una minoría está en contra de que eso ocurra.

En la mesa “Los desafíos al desarme y la no proliferación nucleares”, que se efectuó en el Salón José María Morelos y Pavón, la ex ministra de Asuntos de Desarme en Nueva Zelandia, Marian Hobbs, subrayó que el desarme nuclear “es posible, podemos lograrlo unidos, con una posición fuerte y determinante”.

El jefe de la Edición de Desarme y Tecnología Sensible de Brasil, Santiago Mourao, afirmó que “la zona libre de armas nucleares es la única vía que nos puede llevar al desarme nuclear mundial” e insistió en la unión de los países latinoamericanos en esa postura.

Expuso que las iniciativas de la organización de foros académicos y diplomáticos es fundamental en el proceso de desarme nuclear, a fin de obtener propuestas específicas que puedan presentarse posteriormente ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

A su vez, el embajador de Cuba en Brasil, Pedro Núñez Mosquera, dijo que el Tratado de Tlatelolco y el impacto que ha tenido en las últimas cuatro décadas ha sido fundamental y decisivo por el reconocimiento internacional que tiene.

Agregó que ese instrumento es muestra clara de la gran influencia que México tiene en el exterior, en materia de desarme nuclear. “Aclaro que, no obstante, la iniciativa de crear el Tratado de Tlatelolco fue brasileña, aunque México aportó para su materialización”.

Explicó que América Latina debe tener claros los desafíos en materia de desarme nuclear, los cuales pueden identificarse con mayor exactitud a partir de la discusión y exposición en foros, los cuales también propician la unión y entendimiento para sostener una fuerte campaña en ese sentido.

La subdirectora general del Organismo Internacional de Energía Atómica y directora de Cooperación Técnica, Ana María Cetto, señaló que el Tratado de Tlatelolco es ejemplo de que la unión regional se puede lograr, por lo que ésta deberá encaminarse a tareas específicas en torno al desarme nuclear.

En ese sentido, hizo un llamado a los países de la región para que se promueva el uso pacífico de la tecnología nuclear y de la energía nuclear, el cual deberá garantizar la seguridad de los ciudadanos, quienes también se verán beneficiados con ella.

LA MAYOR HERRAMIENTA. La canciller Patricia Espinosa Cantellano sostuvo, el miércoles 14 de febrero, que el desarme nuclear es elemento fundamental de la política exterior de México y llamó a poner en marcha, con mayor solidez, un proceso de desarme nuclear en el planeta.

La secretaria de Relaciones Exteriores (SRE) hizo esta declaración al encabezar la ceremonia Solemne Conmemorativa del 40 Aniversario de la Adopción y Apertura a la Firma del Tratado de Tlatelolco para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y El Caribe.

En la sede nacional de la dependencia la funcionaria expresó que Tlatelolco es una de las mayores herramientas para erradicar las armas nucleares en la región y resaltó el alto perfil que el país tiene en los foros internacionales sobre desarmes.

Hizo énfasis en las expresiones que el presidente Felipe Calderón Hinojosa ha hecho en foros mundiales sobre el tema, y mencionó que las armas de destrucción masiva, además de provocar la muerte de millones de seres humanos comprometen la paz y el medio ambiente.

Por ello, dijo, es prioritario reducir los efectos nocivos que provocan en el entorno, y en lo referente a la proscripción de las armas nucleares, resaltó, el mensaje del Tratado de Tlatelolco se mantiene vigente “ya que ha caído en tierra fértil”.

Reiteró que “faltan mayores incentivos para sumar a varios países, principalmente de zonas meridionales” al desarme. En ese sentido, abundó, “el tratado de Tlatelolco es esperanzador; sin embargo, se debe insistir en que las potencias atómicas den garantías de seguridad al mundo”.

Insistió en que los estados firmantes de los tratados internacionales sobre la materia deben retirar las acciones interpretativas sobre prescripción total del armamento nuclear y convocó a todas las naciones a poner en marcha con mayor solidez un proceso de desarme en el planeta.

Lo anterior debido a que las nuevas amenazas a la paz deben evitarse con la erradicación mundial de las armas nucleares, demanda que concierne a todos los países del orbe, subrayó.

En el acto estuvieron presentes el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza; el subsecretario para Asuntos de Desarme de la ONU, Nowoaki Tanaka; y el secretario general del organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y El Caribe, Edmundo Vargas Carreño.

Además del director general del Tratado de Tlatelolco, Rogelio Pfirter y el juez de la Corte Internacional de Justicia, Bernardo Sepúlveda Amor.

febrero 14, 2007

14 de febrero de 1967, un día histórico para AL


El 6 de agosto de 1945 quedó registrada como la fecha en la que se mostró la capacidad destructiva más grande en la historia. La explosión de la primera bomba atómica en Hiroshima puso de manifiesto el potencial de la energía nuclear y el peligro para la humanidad.

Específicamente en la región latinoamericana, en 1967, Argentina y Brasil se encontraban enfrascados en una competencia nuclear que se había desatado a comienzos de los años 50. Un lustro después de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, ambos países comenzaron con planes nucleares abonados por los gobiernos de corte militar en pos de un desarrollismo en lo económico que no siempre estaba ajeno a las “necesidades de defensa”.

Conscientes de ello, un grupo de países latinoamericanos, liderados por México, creó un organismo pionero en la prohibición de este tipo de armamento, el cual se cristalizó el 14 de febrero de 1967. Así, la región se consolidó como la primera en el mundo libre armas atómicas.

“Se cumplen 40 años de la firma en Tlatelolco, de este tratado en que se proscribió las armas nucleares en la región Latinoamericana y el Caribe. Como ya he dicho, éste ha sido uno de los grandes aportes de México. Creo que tenemos la suerte de estar viviendo libres de la amenaza nuclear”, comentó Edmundo Vargas Carreño, secretario general del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (OPANAL).

Con el tiempo, los países latinoamericanos se consolidaron como uno de los promotores más importantes en materia de desarme nuclear. Pese a ser un pilar en materia de diplomacia disuasiva, la amenaza nuclear no ha cambiado mucho desde sus orígenes. La comunidad internacional ha comenzado a preocuparse ante la posibilidad de que nuevas potencias nucleares aumenten la inestabilidad en el mundo.

Tal es el caso de Corea del Norte, país que realizó su primer ensayo atómico el 9 de octubre de 2006, o de Irán que ha buscado afanosamente consolidar su programa nuclear, el cual asegura tiene propósitos civiles.

“Es un factor muy importante que permite reformar para su influencia regional a los temas de seguridad. Es importante destacar que la solución a los problemas de seguridad no vienen en un sólo paquete, sino que tienen que ver con el diálogo regional para proscribir las armas nucleares”, dijo Mohammed el Baradei, director de la Agencia Internacional Para la Energía Atómica.

El tratado fue ideado por el mexicano Alfonso García Robles, un hecho que le valió recibir el Premio Nobel de la Paz en 1982. En general, el tratado establece que Latinoamérica en su conjunto renuncia a poseer, fabricar o adquirir armas nucleares o artefactos atómicos que puedan ser aplicados con fines militares.

“Más importante que este compromiso de que en América Latina no puedan usarse las armas nucleares, es convencer a las potencias nucleares y, lo estamos haciendo, lo hemos hecho, a través de diversos instrumentos, de que no puedan usar las armas nucleares en nuestra región”, expresó Vargas Carreño.

El Tratado de Tlatelolco ha servido de modelo para otras regiones que han buscado el estatus de desnuclearización, tales como el Pacífico Sur, creada en 1983 bajo iniciativa de Australia.

“Es muy importante tanto para Australia como para México que han trabajado en impedir el aumento de esa amenaza para todo el mundo”, concluyó Neil Allan Mules, embajador de Australia en México.

También ha inspirado al Tratado del Bangkok, conocido como el Acuerdo de Desnuclearización del Sureste Asiático firmado en 1995, el Tratado de África, adoptado en 1996 en Pelindaba y el de Asia Central, establecido en Semipalatinsk en el 2006. Incluso naciones autónomas como Mongolia han seguido este mismo modelo y se han decretado zonas libres de armas nucleares.

Apuestan por el desarme. Varios países latinoamericanos señalaron ante la Conferencia de Desarme de la ONU, con sede en Ginebra, que "la sola existencia de las armas nucleares representa una amenaza para la seguridad de de la humanidad" y pidieron su total eliminación como "la única garantía absoluta en contra de su uso o amenaza de uso".

Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú y Venezuela apostaron, mediante la suscripción de una declaración conjunta el martes 13 de febrero, por las zonas libres de armas nucleares, que "cumplen una importante función en el fortalecimiento del régimen de no proliferación nuclear y contribuyen a la causa del desarme".

Esos Estados latinoamericanos son miembros de la Conferencia de Desarme, que se reúne en la sede de la ONU en Ginebra hasta el próximo 30 de marzo, y firmantes del Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco).

El grupo de naciones apeló igualmente a los miembros de la Conferencia a tratar como una prioridad la creación de "un instrumento jurídicamente vinculante, universal e incondicional" que ofrezca garantías a los Estados que no poseen armas nucleares.

La OPANAL ha señalado, por su parte, que el derecho internacional no puede avalar el uso de armas nucleares como legítima defensa en respuesta a un ataque con armas convencionales.

Por ello, esos países reiteraron su voluntad de promover un debate sobre "un instrumento internacional que otorgue garantías a los Estados no poseedores de armas nucleares contra su empleo o la amenaza de su empleo".

La carrera nuclear en AL. En febrero de 1967, las dos naciones más grandes de Sudamérica (Brasil y Argentina) en manos del general Alencar Castelo Branco, en el poder de facto y del general Juan Carlos Onganía en Argentina, no suscribieron el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe, más conocido desde entonces como el Tratado de Tlatelolco. Si bien Luis Sanz, el delegado argentino en aquella histórica reunión, estampó la firma en el mismo, meses más tarde una suerte de parodia legislativa que había montado la dictadura, decidió no ratificarlo.

Brasil, en cambio se encolumnó tras la posición de Estados Unidos, solicitando una cláusula por la cual el Tratado de No Proliferación Nuclear entrara en vigor una vez que lo hayan suscrito todos los países de la región a desnuclearizar. Ambos países, recién lo suscribirían plenamente en 1994 (Brasil lo había ratificado en parte en 1968), dos años después de llegar a un acuerdo militar bilateral y ya sin dictaduras militares ni planes misilísticos o de bomba atómica a la vista. En esos 17 años, entre la firma y la ratificación final, ambos países fueron incrementando la producción de uranio enriquecido no sólo para fines pacíficos, sino con esperanzas de poseer un arsenal nuclear.

De hecho en 1977, mientras la administración Carter pugnaba para que la dictadura de Jorge Rafael Videla cesara de violar los derechos humanos, había logrado convencer a aquel gobierno sangriento de adherir al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, pero por lo bajo poco era lo que había cambiado.

Dictaduras y gobiernos constitucionales argentinos nunca aspiraron a poseer una bomba atómica, pero si un submarino a propulsión nuclear, proyecto que colmó las elucubraciones del vicealmirante Carlos Castro Madero, interventor de la Comisión de Energía Atómica (CNEA) después de la Guerra de Malvinas o el desarrollo del misil Cóndor II que Argentina ya había vendido a Irán a mediados de los años 80. Fueron las presiones de Estados Unidos que obligaron a Carlos Menem a abandonar el proyecto y a cerrar la planta de Falda del Carmen en la provincia de Córdoba.

En Brasil, en cambio, la dictadura bajo distintos presidentes de facto que gobernó el país entre 1964 y 1985, nunca habló en voz alta de una bomba atómica pero había llegado a desarrollarla. Al menos eso se desprendió de diversas investigaciones académicas y periodísticas a fines de los años 80.

El general Ernesto Geisel, (1974- 1979), había firmado un acuerdo de cooperación Nuclear con el gobierno de Alemania. Por entonces Brasil ya se había convertido en el sexto productor mundial de uranio enriquecido, y el dictador Geisel había encomendado a su mano derecha, el general Golbery de Couto e Silva, la construcción de un complejo de investigación tecnológica, cuyo objetivo central era el enriquecimiento de uranio centrifugado, totalmente clandestino y sin la más mínima fiscalización internacional. Ese Centro, que llevó por nombre Aramar, fue construido en Iperó, estado de Sao Paulo. Recién en 1986 la armada brasileña reconoció que allí se investigaba la posibilidad de colocar reactores nucleares a submarinos. Ese mismo año en una base militar ubicada en Serra do Cachimbo, en el norteño estado de Pará, se habían descubierto perforaciones similares a las que dejan los ensayos nucleares.

Por esos días una noticia publicada por O Estado de Sao Paulo, aseguraba que “el arma nuclear estratégica que perseguía el proyecto Aramar era la bomba atómica... de algo más de 30 quilotones, cuatro veces más que la que fue lanzada en Hiroshima”. Algo que nadie desmintió hasta hoy.

El complejo Atamar, fue desmantelado en 1991 por el gobierno de Fernando Collor de Mello. Un año más tarde, Brasil al igual que Argentina, llegaban a acuerdos bilaterales para sellar su adhesión a la no proliferación y recientemente en 1994, más de 17 años después de aquel día histórico, se adhirieron definitivamente al Tratado de Tlatelolco.

febrero 06, 2007

Conmemoran 29 años del descubrimiento de Coyolxauqui


Como parte de las actividades conmemorativas por el 29 aniversario del descubrimiento del monolito de la diosa mexica de la Luna, el Grupo Luna Llena ofreció el reestreno de la obra El mito de Coyolxauhqui, en el Auditorio Eduardo Matos, del Museo del Templo Mayor.

La historia se basa en el mito azteca de la mujer representada en la piedra, según el cual cuando Coyolxauhqui supo que su madre Coatlicue o diosa de la Tierra daría a luz, se sintió indignada ante la ausencia de un progenitor. Se trata de una historia celestial que traslada al espectador a través del tiempo, mediante el mito, lleno de simbolismos y magia.

En el montaje, original de Mercedes Alvarado, los actores dan vida a personajes fantásticos de la mitología azteca a través de títeres de varilla o de cámara negra acompañados con la música en vivo del conjunto Boruka.

La lucha, la angustia, el amor y el odio propios de la cosmología antigua se mezclan con la algarabía de los títeres y la música al narrar como del vientre de la Diosa de la Tierra nace Huitzilopochtli (dios del Sol), quien deberá enfrentarse a su hermana Coyolxauhqui (diosa de la Luna) en una lucha que simboliza la lucha eterna entre el Sol y la Luna.

La diosa de la Luna sucumbirá ante la espada en forma de rayo de su hermano, quien de un golpe le arranca la cabeza quedando en la ladera de una montaña mientras el cuerpo rueda cuesta abajo, fragmentándose, escena que se observa en el famoso monolito que se exhibe en el Museo Nacional de Antropología, de esta ciudad.

El mito de Coyolxauhqui, que se presentará los domingos 11, 18 y 25 de febrero en el Auditorio Eduardo Matos, del Museo del Templo Mayor, forma parte del aniversario del hallazgo de la piedra, que además será motivo de un ciclo de conferencias con especialistas.

La escultura de 3.25 metros de diámetro y ocho toneladas de peso está hecha en piedra volcánica y fue encontrada en febrero de 1978 por trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, en la esquina de las calles de Guatemala y Argentina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Con el importante hallazgo dieron inicio las excavaciones arqueológicas del Proyecto Templo Mayor, que se realizan hasta la fecha bajo la dirección del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

Consolidación del imperio. La manipulación política ejercida mediante las grandes esculturas y la arquitectura mexica servía para consolidar los intereses hegemónicos del imperio, explicó el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, a propósito del ciclo de conferencias que se inició el sábado pasado para conmemorar 29 años del hallazgo de la Coyolxauhqui.

"Arquitectura y escultura monumental y su relación con la política en Tenochtitlan" será el tópico sobre el que versó la exposición de Matos Moctezuma, en la inauguración de la serie de conferencias sabatinas que se realizarán durante febrero en el auditorio que lleva su nombre, en el Museo del Templo Mayor.

Estructuras, edificios y grandes esculturas, como la misma deidad lunar, el calendario azteca o la diosa de la tierra Tlaltecuhtli, colosal monolito hallado hace unos meses al pie del centro ceremonial, son algunos ejemplos que "servían a los intereses del imperio y tenían además un contenido religioso muy profundo", señaló el especialista.

También señaló que algunas esculturas tenían una representación y una orientación específica, al igual que los edificios que integraban el Templo Mayor.

Batalla contra Coyolxauhqui. El investigador explicó que es enorme la riqueza que gira en torno a las figuras y la arquitectura mexica, especialmente del monolito circular de la Coyolxauhqui.

La representación de la deidad lunar, explicó, es una mujer muerta, desmembrada y decapitada, lo cual obedece a un legendario mito: "El Sol ­Huitzilopochtli­ lucha contra la Coyolxauhqui, quien representa los poderes de la noche, y la vence. Con ello se disipan las tinieblas de la noche representadas por la diosa de la Luna, es entonces cuando se celebra con una fiesta llamada Panquetzaliztli, dedicada al dios Sol, en la que se reproducía esa pelea y se aprovechaba para sacrificar desde lo alto del templo a los prisioneros de guerra".

Desde ahí, subraya el investigador, vislumbramos una función religiosa, pero también política y social.

"El mismo Templo Mayor ­prosiguió­ integra todo un simbolismo religioso muy profundo, al representar dos montañas sagradas: una dedicada a Tláloc y otra a Huitzilopochtli.

"Desde esa perspectiva constatamos cómo el Templo Mayor responde a las necesidades primarias de esa civilización. Por un lado el agua, la fertilidad, la producción agrícola; por otro, la guerra y la imposición sobre otros grupos, lo cual traía consigo el tributo necesario a Tenochtitlan."

Las demás conferencias que se presentarán durante este mes se titulan El papel de la mujer en la sociedad mexica, El pulque: uso ritual y cotidiano y El sacrificio humano: comunión entre hombres y dioses. Serán expuestas, en ese orden, durante los sábados de febrero, de 10 a 12:30 horas, por los arqueólogos Enriqueta Tuñón, Francisco Rivas y Ricardo Rivera García.