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enero 31, 2008

recupera la Coyolxauhqui sus colores


Uno de los más importantes hallazgos de la arqueología mexicana del siglo XX festeja su 30 aniversario. Se trata de la hija de Coatlicue, un monolito descubierto por accidente en 1978.

La colosal escultura de la diosa Coyolxauhqui, cubierta de colores hace 500 años, recupera este 2008 su antigua gama cromática para celebrar el 30 aniversario de su descubrimiento.
Una investigación reciente logró identificar los colores de la piedra, los que serán colocados en una réplica de la escultura, dentro del Templo Mayor, para que el público conozca las cualidades cromáticas del monolito, reveló la historiadora de arte Lourdes Cué, quien junto con el arqueólogo Fernando Carrizosa emprendió ese trabajo.
Se laborará con una copia porque las normas de restauración y conservación impiden una reconstrucción directa sobre los materiales, puntualizó el arqueólogo Raúl Arana.
“Sin embargo impactará muchísimo”, anticipó Cué y precisó que esa reproducción se presentará en la muestra Coyolxauhqui y el Templo Mayor: 30 años reconstruyendo el pasado (1978-2008) que el Museo inaugurará en abril, donde además podrán apreciarse por primera vez ofrendas asociadas a la diosa decapitada.
Otra exhibición prevista se coordina con el Banco de México para reunir los billetes y monedas emitidos en el país con la figura de la deidad lunar y se promueve la emisión de un billete de lotería.
Asimismo se ha organizado una serie de charlas sobre el monolito y sus repercusiones, que reunirá a los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma, galardonado este año con el Premio Nacional de Ciencias y Artes; Raúl Arana, primer especialista que conoció la emblemática pieza de casi ocho toneladas, Felipe Solís, quien ha estudiado su simbolismo, así como Leonardo López Luján, encargado actualmente de las excavaciones en el Templo Mayor.
En este ciclo se inscribe la “primicia” que difundirán Cué y Carrizosa, como la definió Matos Moctezuma el miércoles, en rueda de prensa, al anunciar el programa conmemorativo.
Se trata de una información novedosa, argumentó, porque modifica los conocimientos previos sobre la cromática de la Coyolxauhqui.
Una pieza policromada, cuando queda al descubierto, pierde la intensidad de sus colores, pues cambian sus condiciones de humedad —regulares durante 500 años— y el contacto con el aire la reseca, explicó Matos Moctezuma.
Llena de lodo en 1978, por ubicarse en un nivel freático, en la escultura recién descubierta destacaban dos tonos: el ocre amarillento y el rojo, y se alcanzaban a percibir el azul y el blanco, rememoró Arana.
Posteriormente la investigadora Carmen Aguilera efectuó un estudio sobre la iconografía del personaje, basada en códices. Era una interpretación válida para su tiempo (finales de los 70), hoy sin embargo rebasada, señaló Cué.
“En los códices”, apuntó, “hay una gama muy diferente a la que hemos encontrado en la escultura y en la arquitectura del Templo Mayor, cuyo patrón cromático tiene también el monolito”.
Mediante instrumentos ópticos de amplificación, una iluminación especial y el ojo entrenado del arqueólogo Carrizosa, se encontraron restos de color que no habían sido detectados ni estudiados en la piedra, dijo Cué.

trascendencia vigente.
Asimismo, a 30 años del descubrimiento del monolito de la Coyolxauhqui, se han hallado otras dos representaciones de gran tamaño de la diosa lunar mexica, que mostró por primera vez su rostro el 21 de febrero 1978, provocando —según consignó la prensa— una “idolitis” en millares de capitalinos.
Si la monumental escultura fue localizada fortuitamente por trabajadores de Luz y Fuerza del Centro y en un principio se le asoció con deidades masculinas (Huitzilopochtli o Tláloc, dioses de la guerra y del agua), aunque más tarde se hizo evidente que corresponde a “la que tiene pintura facial con cascabeles”; las otras han sido fruto de la investigación científica.
Hoy que se celebran tres décadas del que se considera uno de los hallazgos arqueológicos del siglo XX, se da a conocer la existencia de dos piezas más de la diosa lunar.
Una fue colocada en uno de los primeros periodos constructivos del centro ceremonial. El arqueólogo Eduardo Matos explica que fue puesta antes del año 1469, cuando se cree fue depositada la descubierta en 1978.
La otra, que es de mayor tamaño y da la bienvenida en el Museo del Templo Mayor, está fragmentada, por lo que su estudio ha sido más limitado.
A pesar de que en este centro ceremonial azteca han surgido importantes hallazgos, como el monolito de la Tlaltecuhtli, en el predio de las Ajaracas, para Eduardo Matos, la trascendencia de la Coyolxauhqui sigue vigente.
Muestra de la importancia de este monolito son las más de 300 fichas bibliográficas que ha originado su estudio. Desde el punto de vista del especialista en arqueología, el monolito fue el gran detonante, no sólo de la excavación de la zona arqueológica o la construcción del Museo del Templo Mayor, sino de que al Centro Histórico de la ciudad de México se le designara como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO.

ciclo de conferencias.
Una magna exposición que incluirá objetos prehispánicos y fotografías nunca antes vistas, un ciclo de cinco conferencias y la edición de un billete de lotería, son parte de las actividades que el Museo del Templo Mayor ha preparado para conmemorar el 30 aniversario del hallazgo de la Coyolxauhqui, ocurrido el 23 de febrero de 1978.
Así, seis de los especialistas que desde su descubrimiento comenzaron a estudiar el monolito, ofrecerán un ciclo de conferencias, los sábados de febrero y el primero de marzo.
Uno de los temas que serán abordados, será el de la identificación de la policromía original de la pieza (colores rojo, amarillo ocre, azul y blanco), hoy apenas perceptibles.
Adicionalmente, se mostrarán algunas de las más de 7 mil piezas encontradas en las tres ofrendas dedicadas a la deidad, como conchas marinas, esculturas, vasijas y cráneos, en la muestra Coyolxauhqui y el Templo Mayor: 30 años reconstruyendo el pasado (1978-2008).
La exhibición —explicó Carlos González, director del Museo— estará lista en abril, para formar parte del Festival Internacional del Centro Histórico, y se concentrará en enfatizar las labores de investigación en torno al monolito.
En tanto, las conferencias abordarán el hallazgo y rescate de Coyolxauhqui, su simbolismo, la reconstrucción cromática del monolito y una retrospectiva del Proyecto Templo Mayor que incluye una declaratoria del Centro Histórico como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, así como una historia de hallazgos que continúan hasta nuestros días.
“Destacaremos los trabajos que se han realizado en torno a este importante descubrimiento y las ofrendas que están relacionadas con el monolito”, detalló González.

MITOS MEXICAS.
El hallazgo del monolito de la diosa lunar mexica Coyolxauhqui, hija de Coatlicue, asesinada por su hermano Huitzilopochtli, no sólo reveló parte de los mitos de la cultura mexica, sino que permitió el descubrimiento del Centro Ceremonial más importante de la antigua Tenochtitlan, ese que tanto impresionó a Bernal Díaz del Castillo durante la Conquista.
Cuando se informó a los expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de este hallazgo, realizado el 21 de febrero de 1978 por una cuadrilla de trabajadores de la Compañía de Luz, en la intersección de las calles de Guatemala y Argentina, los expertos acudieron de inmediato al sitio.
Tras examinar la pieza de casi 8 toneladas, la primera hipótesis dada a conocer por Gerardo Cepeda fue que probablemente se trataba del dios Huitzilopochtli. Esa primera opinión la emitió con lo que pudo observar entre piedras y el fango que rodeaba a la monumental pieza, de hecho se realizó un bosquejo de la misma, reproduciendo un penacho, un cráneo y una de las extremidades.
Aseguraba que la gigantesca piedra se había desprendido del Templo Mayor hacía más de cuatro siglos, luego de que los conquistadores españoles arrasaran la capital del imperio mexica, no saldrían de la duda hasta la madrugada del 28 de febrero dos días antes de la visita programada del ex presidente José López Portillo. Ese día, tras horas de intenso trabajo, pudieron dejarla al descubierto; fue en ese momento cuando el arqueólogo Felipe Solís y el propio Gerardo Cepeda identificaron la pieza que había permanecido oculta por siglos.
La anécdota cuenta que como Cepeda vivía a dos cuadras de donde se ubica actualmente el Templo Mayor, fue corriendo a su casa a atraer un libro para corroborar que el monolito descubierto sí correspondía a la imagen de la Coyolxauhqui. Y fue así que se aclararon todas las dudas sobre la identidad de esta piedra de 3.40 por 2.95 metros y 35 centímetros de espesos, que representa a la hija de Coatlicue.
Como todos las excavaciones arqueológicas, el hallazgo de la Coyolxauhqui se registró antes de su anuncio oficial, el 21 de febrero, sostiene el arqueólogo Raúl Arana, quien acudió al lugar, vio la dimensión de las excavaciones realizadas por la Compañía de Luz y corroboró que esos trabajos se habían hecho con semanas de antelación y no con días como pretendieron hacerlo creer.

infinidad de estudios.
Esta espectacular piedra, considerada por los arqueólogos una de los máximas revelaciones arqueológicas del siglo XX, ha sido a lo largo de los años objeto de infinidad de estudios.
Al tercer día del gran anuncio, la gente se vio envuelta en lo que Cepeda llamó la “idolitis”, ya que se contaban por miles los interesados en conocer a la deidad mexica. Las opiniones llovieron en torno al tema, hubo quien propuso derrumbar todos los edificios de las calles aledañas, Seminario, Guatemala, Argentina, San Ildefonso y Correo Mayor; incluso hubo quien fue más lejos y clamó por la demolición de la Catedral Metropolitana, por haberse construido sobre los templos mexicas.
Las crónicas periodísticas cuentan que el jefe del Ejecutivo llegó acompañado de Carlos Hank González, entonces regente de la Ciudad de México, la mañana del 28 de febrero de 1978; el reloj marcaba las 9:00 horas. Lo recibió Raúl Arana, quien junto con Ángel García Cook, coordinó los trabajos de salvamento arqueológico, y fue el encargado de explicarle la trascendencia del hallazgo, de plantearle los requerimientos para conservarlo y la necesidad de crear un museo.
Satisfecho con lo que vio, López Portillo ordenó que se gastara lo necesario en el proyecto arqueológico, único en el mundo. Su recomendación fue: “A reserva de que se resolviera la reestructuración de la zona, yo creo que la sacamos (la Coyolxauhqui) y en su oportunidad podremos volverla a poner aquí, pero en este momento hay que terminar la exploración y garantizar la conservación del monumento”.
El descubrimiento de la diosa mexica daría pie a la expropiación de 40 mil metros cuadrados de terrenos, donde se desarrollaría el proyecto del Templo Mayor y la edificación de un museo, donde actualmente se resguardan alrededor de 7 mil 500 piezas prehispánicas.

Ubicación y mito.
La Coyolxauhqui es un monolito tallado en andesita y colocado al pie del templo de Huitzilopochtli, en la época del tlatoani Axayácatl (1469-1481).
De acuerdo con el mito del Códice Florentino: en Coatépec, por el rumbo de Tula, habitaba una mujer de nombre Coatlicue, era madre de 400 surianos y de una hermana de éstos de nombre Coyolxauhqui.
“Su característica principal es que tiene sobre la cara unos cascabeles y una banda sobre la nariz, y abajo de los ojos una banda celeste, que hace la relación también las estrellas y el universo”, expresó Eduardo Matos Moctezuma, antropólogo.
“Asumí el proyecto cuando, digamos, cuando se hizo el hallazgo y a partir de ese momento con lo que ya se llamó proyecto Templo Mayor que fue en 1978”.
“Todavía van ustedes a ver en las conferencias como continúan investigando y continúan aportando información interesante, novedosa a través de análisis”, Eduardo Matos Moctezuma.

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